Rosario, Jueves 23 Noviembre 2017
Domingo, 22 Diciembre 2013

Política rosarina, entre velas y votos

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Lo mejor que le puede pasar a la Argentina de fin de año es que no pase nada. La mejor noticia para el país fue que el 19 y 20 de diciembre transcurrieron sin brotes de violencia social. Todo lo demás está por hacerse. En paralelo, la realidad política rosarina ofreció otro capítulo lleno de polémica atento a la nueva realidad que parece haber llegado para quedarse: la extraordinaria fragmentación que impacta en el Concejo y que se convierte en pesadilla para el gobierno municipal a la hora de tener que imponer sus proyectos.

La voracidad política esfumó en algo más de dos semanas la luna de miel que disfrutaba el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich. Día a día, hora a hora, el discurso ligado al peronismo clásico que ensayaba el gobernador chaqueño en uso de licencia fue mutando hacia posiciones más viscerales, relacionadas en todo caso al kirchnerismo de uso cotidiano.

La nueva realidad del gobierno nacional tuvo un extraño condimento. Cristina colocó en el arbolito de navidad una guirnalda extraña y contra natura del relato, con nombre y apellido: César Milani. Aunque ningún procesamiento encalla en la foja del nuevo jefe del Ejército, por las acusaciones que se levantaron en su contra muchos otros militares fueron destinados al banquillo en los "juicios por la memoria y la verdad".

Al margen de la seguidilla de encontronazos entre dirigentes de derechos humanos que hasta aquí abonaron o abonan a la causa kirchnerista (Nora Cortiñas, Hebe de Bonafini, Horacio Verbitsky —y siguen las firmas—), pocos se han tomado el trabajo de preguntarse por qué la jefa del Estado lleva al más alto sitial de las Fuerzas Armadas a alguien con una currícula tan neblinosa.

Se sostiene en ámbitos cercanos a la presidenta que Milani encarnaría más que nadie una pertenencia kirchnerista. En otras palabras, el propio jefe de bancada de los senadores kirchneristas, el siempre ubicuo Miguel Pichetto, dijo que el militar de raro peinado nuevo era objetado por pretender que el Ejército se ponga "al servicio de un proyecto nacional y popular".

Al fin y al cabo, y pese a la tormenta con rayos y centellas que despertó su ascenso, al kirchnerismo le sobraron votos en el Senado para sortear los obstáculos. Mientras no cambie la composición política a la hora de las votaciones, las objeciones serán como perros ladrándoles a la luna.

La aparición en el calendario del históricamente fatídico mes de diciembre, ese hecho maldito de la política vernácula, también le permitió poner en práctica al gobierno nacional y al gobernador Antonio Bonfatti un nuevo capítulo de una nueva relación. En las últimas horas —y sin demasiado ruido mediático— llegaron a Rosario 600 nuevos gendarmes.

Los gendarmes se han convertido en materia de seguridad —como los generadores eléctricos y las velas en el derrotero del desastre energético— en los únicos íconos balsámicos para los continuos saltos de mata del aquí y ahora.

"Las cosas han cambiado en la relación con la Casa Rosada por una cuestión objetiva: finalmente se dieron cuenta en Balcarce 50 que les dimos una batalla a fondo y sin dobleces a los narcotraficantes. Por eso le balearon la casa al gobernador, y por eso muchos de nosotros estamos amenazados de muerte. Lo que comenzó en Santa Fe ahora se observa en todas las provincias, pero alguien tenía que animarse a enfrentar al narcotráfico, y esos fuimos nosotros", razonó un ministro del Ejecutivo santafesino.

Lejos de los estruendos de una agenda nacional y provincial complicada en materia de seguridad e infraestructura, entre gallos y medianoche los concejales rosarinos transitaron por los bordes de otro escándalo hasta que finalmente, entrada la madrugada del sábado, el presupuesto consiguió la posibilidad de alcanzar una nueva vida si es que el lunes el oficialismo alcanza el número necesario para imponerlo.

Todo lo escrito en la desembocadura de las elecciones de octubre de 2013 e, incluso, el día después de la parada electoral tiene hoy sustento empírico. El socialismo ha quedado casi a merced en el Palacio Vasallo no sólo de sus aliados enrolados en la UCR sino que deberá columpiarse a la hora de las votaciones entre el kirchnerismo, Jorge Boasso y el PRO.

Si a la hora del aumento del precio del boleto la intendenta Mónica Fein debió ponerle una vela a las voluntades peronistas y del boassismo para que haya luz verde, durante las últimas horas lo intentó con el macrismo para tener presupuestados sus gastos. En el medio de los procesos de negociación (sórdidos, insignificantes y carentes de interés para la sociedad) se dejaron ver las carencias cuantitativas que tiene el socialismo a la hora de imponer su voluntad.

"Si nosotros quisiésemos incendiar la ciudad, ni siquiera le daríamos la posibilidad de que voten lo que estamos proponiendo. Le ofrecemos a la intendenta que el acuerdo de gobernabilidad lo haga con nosotros y no con el PRO, que apuesta a otra cosa", dijeron ayer a LaCapital desde un bloque referenciado en el peronismo. Nadie quiere encender una llama que, al fin, termine consumiendo las expectativas electorales que muchos concejales tienen hacia 2015.

La dispersión que quedó como saldo primario de los comicios se refleja en un hecho inédito para la política rosarina: en el Palacio Vasallo existen doce bloques. A todas luces un despropósito. Pero, además de la policromía de radicales, socialistas, peronistas de distinto tipo, demócratas progresistas y macristas, ha estallado una furibunda dicotomía entre el presidente del cuerpo, Miguel Zamarini, y la intendenta Fein.

"Es esa pelea la que hizo naufragar el acuerdo que teníamos el viernes al mediodía. No quisieron que Zamarini se erigiese nuevamente como personero de la gobernabilidad y se creyeron que con el PRO podían alcanzar el número para votar el presupuesto. Fue algo de no creer", resumió a este diario una fuente no socialista.

La interna socialista. No son pocas las voces que alertan entre bambalinas sobre un objetivo no declarado pero presente en el deseo del oficialismo: la renuncia de Zamarini a la presidencia por el mismo motivo (la ausencia de gobernabilidad) por el que la intendenta le retiró el apoyo en el camino hacia el recambio de autoridades y le comunicó que el candidato elegido del Palacio de los Leones era Miguel Cappiello.

"No creemos que eso sea así, salvo que mañana vuelvan a rechazar la posibilidad de negociar. No nos olvidemos que se lograron casi 17 votos que apoyaban una suba del 19,5 por ciento de la tasa. Por lo demás, Zamarini está más fuerte que nunca. No tienen votos para cambiar la situación y él no se va a ir", devuelven el mandoble. La propuesta la acercaron Zamarini, PPS, PJ y la UCR.

Esa dispersión de voluntades políticas que hoy recalienta la política rosarina _hasta tornarla a veces incomprensible_ y complica al socialismo es la que en tiempos electorales le permite seguir ganando elecciones. Un curioso dato de la realidad.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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