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Domingo, 15 Diciembre 2013

Diciembre, con la brasa en la mano

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"Hay que pasar diciembre". A 30 años de la rentrée democrática, con los diez años de relato incluidos, esa es la consigna unificadora de todos los gobernantes argentinos por estas horas. Prueba evidente y pulimentada de que, al fin, la realidad, recargada con saqueos, violencia y rebeliones policiales sorprendió a todos. Y a todas.

El marasmo acicateado por la ausencia de policías casi que no dejó títere con cabeza: hubo 20 provincias que vieron cómo la violencia estallaba a sus pies, casi 2.000 comercios saqueados y pérdidas largamente millonarias. El saldo trágico, con 12 personas muertas, se posa, omnipotente, como un lacerante ejemplo de la Argentina extraviada, violenta y con artículos completamente rotos del contrato social.

Las postales incendiarias del mix de rebeliones y saqueos dejaron hacia adelante capítulos por cerrar, de los que no está alejada la provincia de Santa Fe. Además de tener que solventar hacia adelante un compromiso salarial mayúsculo con la policía, el gobernador Antonio Bonfatti deberá convivir con quienes no solamente se insubordinaron sino que le fueron corriendo el arco hasta lograr acordar, al fin, una salida del conflicto.

La denuncia penal por sedición contra los policías, además de la caracterización que hizo el titular de la Casa Gris, es parte de la herencia que dejará la revuelta de los uniformados. La movida implicará otro altísimo costo para la policía santafesina en su relación con la sociedad, ya de por sí estragada de sospechas ante las noticias cotidianas sobre los vínculos entre inseguridad y narcotráfico.

Por estas horas, ante la inminencia de las festividades por Navidad y Año Nuevo (fechas señaladas en rojo desde varios años a esta parte), la preocupación de la Casa Rosada y de los gobernadores es llegar con bolsones a los conurbanos, territorios que aparecen como caldo de cultivo para los estallidos.

"Si estalla el conurbano bonaerense se cae todo como un castillo de naipes", admiten en la Nación y en el principal distrito del país.

Al margen de lo inmediato, y de la necesidad de que diciembre pase a ser un recuerdo en el calendario, se posará hacia el futuro inmediato una ola de reclamos salariales de dificilísimo cumplimiento para todos, que ofrece, además, pocas esperanzas a la hora de bosquejar un freno a la montaña inflacionaria.

Una rareza de la nueva realidad argentina es que a diferencias de otras décadas, en las que los aumentos testigo de los gremios para las paritarias estaban señalizados por los aumentos que lograba Lorenzo Miguel en la UOM o (más cercano en el tiempo) Hugo Moyano con Camioneros, ahora el disparador parte de los incrementos que lograron los policías.

Y en este punto se debe volver al inicio del conflicto y posar la mirada sobre la provincia de Córdoba. La brasa en la mano que el gobierno nacional creyó que se consumiría en las manos del gobernador José Manuel De la Sota terminó incendiando en cadena a los demás Estados.

La lentitud de la Casa Rosada a la hora de enviar fuerzas federales a la provincia mediterránea—y los devaneos dialécticos encorsetando la crisis a una realidad estrictamente de gestión delasotista— fue, apenas, el origen de una escalada que terminó en gendarmes para todos.

La explosión interrumpió abruptamente la luna de miel que pareció formatear un nuevo vínculo entre el gobierno, la sociedad y los medios, y que tiene al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich como figura central.

Novedad santafesina. Los nuevos tiempos de sobresalto tuvieron otro impacto directo en la política santafesina. Con el presupuesto, por primera vez en muchísimo tiempo el gobierno recibió un aval contundente y sin fisuras del peronismo en todas sus variantes.

La Legislatura —con el voto a mano alzada de los peronistas— entendió que no eran momentos de florituras ni de debates profundos. "Es un aporte a la gobernabilidad. Ahora, el gobernador ya no tiene excusas para gobernar en forma plena y enfrentar la crisis con soluciones definitivas", dijo el diputado perottista Roberto Mirabella. A confesión de parte, relevo de prueba.

Algunos diputados peronistas que —como anticipó esta columna hace 7 días— pretenden dejar de lado la diáspora al menos en 4 o 5 temas relevantes, recibieron con optimismo haber votado en sintonía.

"Ojalá no haya sido solamente para dejar contentos a los socialistas. Acordar una posición común en los grandes temas que vienen será clave para intentar recuperarnos hacia futuro", dijo un legislador, el mismo que hace 7 días se lamentaba porque cada vez que vuelven de las vacaciones las energías sólo están recargadas para "jodernos entre nosotros".

Hasta el día anterior a la rebelión policial en Santa Fe, Bonfatti mantenía un optimismo revelador respecto a la viabilidad de la reforma constitucional. "A mí, en persona, ninguno de los legisladores opositores con los que hablé me dijo que se oponía a la reforma. Vamos a intentar acordar y darle para adelante", comentó tras su regreso de la reunión con Capitanich. Habrá que seguir de cerca los movimientos para saber si hay otras prioridades en la agenda.

Calma, concejales. A diferencia de la política provincial, en Rosario el Concejo Municipal fue el ámbito de pequeños desvelos. Como en los malos viejos tiempos, el Palacio Vasallo se convirtió en un ring mediático que, al margen de ribetes dialécticos escandalosos, puso otra vez sobre escena una realidad pulimentada: la extraordinaria división política.

Si durante la campaña electoral eran los sectores de Jorge Boasso y del kirchnerismo los que denunciaban a viva voz componendas entre el socialismo y la oposición (con el PRO en la mira), ahora es el macrismo el que acusa sobre un "plan canje". Entre gritos, amenazas y escandalete, la intendenta Mónica Fein logró que se apruebe el aumento del boleto. Lo demás pareció una sobreescenificación con condimentos picarescos destinados a saber si Anita Martínez lloró o no lloró.

¿Se quebró el Frente Progresista rosarino? "No hay nada de lo que dijeron. No hay ningún interbloque. Esa fue una maniobra de (Miguel) Zamarini para embarcar a (Aldo) Poy y (Martín) Rosúa", dijo ayer a LaCapital una fuente de la Municipalidad.

"Trabajaremos todo el año junto a Rosúa y Poy en conjunto. No rompimos ni pensamos romper el Frente. En todo caso, quienes primero crearon otro espacio fueron los otros cinco concejales, al proponer otro presidente y no aceptar el armado de comisiones que se había configurado. Pretendemos que dentro del Frente Progresista decidan los ocho integrantes del interbloque y no solamente uno o dos como hasta ahora", devolvió el mandoble Zamarini.

Ante la gravedad y la explosión de la agenda nacional con formato de violencia, saqueos y descontrol, hoy es preferible el maremoto en el pocillo de café que abreva en la política rosarina.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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