Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Domingo, 01 Diciembre 2013

Otro gobierno adentro del gobierno

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"Si algo ha cambiado eso es nosotros; el otro cambio, los que se fueron". La letra de Lito Nebbia fue escrita hace décadas, pero qué bien encarna en la flamante realidad y en el nuevo tiempo del gobierno.

El formato reduccionista también podría sintetizar que la fórmula Jorge Capitanich al gobierno, Cristina Fernández al poder le está dando buenos réditos al Ejecutivo. El pícaro intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, comentaba hace algunas horas los efectos de los cambios en el ciudadano común. "Una viejita me preguntó en una recorrida: «Qué pasó Fernando, ¿cambió todo?» Y yo le contesté: «Sí, cambió todo, por suerte»". Así es el peronismo: pragmático, mutante, siempre dispuesto. Como la canción de Nebbia.

Cristina puso en práctica el viejo anhelo de Raúl Alfonsín cuando decidió acordar con Carlos Menem la reforma de la Constitución para establecer la puesta en práctica de la figura del jefe de Gabinete, una especie de líbero político con formato más parecido al de un primer ministro a la europea que al de un delegado presidencial.

Pero, en verdad, la modificación se dio por imperio de las circunstancias y de la salud física y política de la presidenta de la Nación. El hiperquinético Capitanich ha provocado en sus movimientos un déjà vu con aquellos 7 días y 7 noches de la estrambótica y breve gestión de Alfredo Rodríguez Saá. Pero Cristina no es el Adolfo y Coqui Capitanich no es Luis Lusquiños, aquel dirigente —ayer desconocido y hoy rápidamente olvidado— que concentró la Secretaría General de la Presidencia y la Jefatura de Gabinete en sus manos.

Cambia, todo cambia. Tras la derrota electoral del 27 de octubre, el escenario del kirchnerismo gobernante lucía complicadísimo y sin demasiadas posibilidades de ofrecer respuestas por medio del relato y del vamos por todo. La debacle oficialista en las principales provincias del país, y la merma de su caudal en las más chicas, obedeció más al rechazo de sus prácticas que al estado de la economía. Siempre, el paso del tiempo es el más feroz opositor a todos los gobiernos.

La presidenta de la Nación decidió eyectar del poder a Juan Manuel Abal Medina y a Guillermo Moreno (dos defensores a ultranza del relato duro), en un giro tan abrupto como sorpresivo. Al margen de los nombres, hay dos líneas que empiezan a aflorar como novedad en esta etapa del cristinismo: moderación política y realismo económico.

El interrogante que aparece de la mano de la estrategia delegativa de Cristina, quien funciona por estos días como una jefa del Estado a cargo de la estrategia y los simbolismos del poder, es si movió la estantería sólo para pasar el verano y hasta que se reponga de sus problemas de salud o, por el contrario, es una decisión que acompañará su salida del gobierno. Para conocer el verdadero derrotero de la cuestión habrá que seguir de cerca la evolución de las medidas y la relación entre Capitanich y el ministro de Economía, Axel Kicillof, el guardián del cristinismo paladar negro.

Por lo pronto, el nuevo gobierno adentro del gobierno ha logrado bloquear lo que se preveía desde el análisis político tras la derrota oficialista en provincia de Buenos Aires. El salto con garrocha hacia Nordelta se detuvo. "Esta es una etapa nueva. Coqui es uno de los nuestros, conoce al peronismo y sabe cuál es la realidad de los gobernadores. No es momento para saltar hacia ningún lado", dijo a LaCapital un diputado nacional por Santa Fe enrolado en el Frente para la victoria.

La nueva piel que parece cubrir al peronismo en el poder podría significar el preanuncio de una pelea por la sucesión adentro mismo del kirchnerismo, con sus más y sus menos. Una gran competencia en las Paso que contenga a halcones y palomas lograría abortar drenajes cuantitativamente importantes hacia el peronismo no kirchnerista y fortalecería al ganador de esa interna como paso previo a la sucesión.

El cambio de mantel en la mesa del poder mantiene la agenda en el redil del gobierno y le levanta la vara a la oposición que, al menos en las dos primeras semanas, apenas si quedó a cargo de la relatoría del nuevo escenario. El kirchnerismo ha dado otra muestra cabal de un hecho bastante inédito en la política argentina: se recupera y muestra su mejor rostro después de besar la lona.

Pero a no detenerse en los cantos de sirena. El gran desafío de Cristina pasará en lo mediato por calmar el potro desvariado de la inflación y de las variables económicas. ¿Es Kicillof el personaje indicado para acompasar la real politik que encarna Capitanich con un aterrizaje suave hacia la heterodoxia económica y el saneamiento de las relaciones con el poder financiero internacional?

Y brota ahí con espontaneísmo otra pregunta: ¿cómo será el tránsito de la relación entre el jefe de Gabinete (formado intelectualmente en el reservorio del capitalismo clásico) con la concepción más vanguardista de izquierda que teoriza el ex militante de La Cámpora? Néstor Kirchner resolvía estas apriorísticas discusiones ideológicas con un sincretismo contundente: "No escuchen lo que digo, miren lo que hago". Por ahora, lo que se hace desde el gobierno es ofrecer compensaciones a Repsol, volver a tomar deuda y bosquejar concepciones heterodoxas.

La lámpara que frotó Cristina con Capitanich también llena de expectativas al gobierno santafesino. Antonio Bonfatti tendrá su tan esperado ingreso a la Casa Rosada para dialogar mano a mano con el jefe de Gabinete y podrá demandar con mayor énfasis institucional la llegada de gendarmes a los barrios más calientes de Rosario, hoy estragados por la violencia y el narcotráfico.

Bonfatti ya podrá incorporar a su arbolito de Navidad la guirnalda de Radio y Televisión Santafesina que la oposición le concedió en la Legislatura. Dentro de pocas semanas, el Senado también le regalará el sí al presupuesto. Los senadores prefirieron no incluirlo en la última reunión del período ordinario de sesiones para no quedar otra vez pegados a la Casa Gris, máxime tras la difusión de los jugosos subsidios que el gobierno les concede. "Que parezca un accidente", ronronean en ambos lados del mostrador.

Respecto a la reforma constitucional, la aprobación que sueña el oficialismo atravesará un horizonte dificultoso. En Diputados, la oposición no está dispuesta a seguir alfombrando el camino y, desde la propia UCR, hay voces que alertan sobre la inconveniencia de garantizar la sucesión socialista por, al menos, 10 años más.

Por ahora, unos y otros, oficialistas y opositores; en la Nación y en la provincia, tienen un objetivo pulimentado e inmediato. Y lo vocean: hay que pasar el verano.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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