Rosario, Jueves 23 Noviembre 2017
Domingo, 10 Noviembre 2013

Comenzó la cuenta regresiva para el 2015

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Como se esperaba, las elecciones legislativas del 27 de octubre sirvieron para alfombrar el camino hacia el recambio en el poder. El 2015 ya se está jugando aunque pour la galerie los protagonistas de la política digan que "falta una eternidad".

El regreso de la presidenta de la Nación a la actividad diaria en el manejo de la administración —con el fallo salvador de la Corte sobre la ley de medios— completa el rompecabezas, lo potencia y escenifica cómo, pese al paso del tiempo, la sigue transformando en la gran protagonista. Cristina deberá resolver en lo inmediato cuestiones centrales, como por ejemplo la continuidad en el tiempo —o no— del gabinete nacional.

Los resultados electorales le permiten a la jefa del Estado clavar el bisturí con conocimiento de causa, apuntando a modificar estamentos que parecen aletargados, pero también vislumbrar objetivos y prioridades hacia futuro. Serán como las miguitas de pan en el camino de Hansel y Gretel y permitirán acertar una respuesta al gran interrogante de la hora: cómo vuelve Cristina y hacia adónde va.

Al margen de cuestiones económicas y de la administración diaria de los asuntos de la Nación, la presidenta es protagonista clave para definir el escenario político de cara al recambio en el poder. Las urnas le han dejado al cristinismo —al núcleo duro del modelo— un nada despreciable 33 por ciento de los votos, contando, además del Frente para la Victoria, a los partidos y frentes aliados.

Ese porcentaje sería insignificante para tener poder de fuego en el derrotero del bipartidismo argentino, con dos bloques peleando por la Presidencia, escenario que se posó hasta 1999. Pero tras el estallido del país en 2001 la realidad se encargó de hacer estallar también a los partidos políticos. Recuerde el lector que Néstor Kirchner se consagró presidente de la Nación con el 22 por ciento, acicateado apenas por los votos del conurbano bonaerense, de la mano del aparato electoral de Eduardo Duhalde.

¿Apostará la presidenta a un delfín que encarne a pie juntillas "el relato", esperando convertirse en la jefa en las sombras de un futuro cristinismo gobernante u opositor? ¿Se dejará tentar ante los beneficios presuntos de Daniel Scioli como salida electoral? A dos años de las elecciones presidenciales esas son las otras dos preguntas clave cuya respuesta permitirá despejar el horizonte. La salida a los interrogantes comenzará a darlos Cristina en forma de señuelo en las próximas semanas.

Por lo pronto, el menú de respuestas sobre el contenido político que dejaron las elecciones ofrece platos variopintos. El kirchnerismo se aferra a la lógica de hierro de haber mantenido el control del Congreso. En el Senado ha perdido 3 bancas, pero igualmente mantiene la mayoría. En Diputados —con sus aliados— logrará quórum propio sin demasiado esfuerzo. Desde esa lectura en el entorno de la presidenta se preguntan: ¿para qué cambiar?

Si se mantiene esa visión global, tomando los resultados en abstracto, puede decirse también que 7 de cada 10 electores votaron a candidatos de la oposición, lo que abre el zoom y les da la razón a quienes coinciden en señalar que existe "perfume de fin de ciclo".

Como en 2009 la pelota está en campo de la oposición, esparcida en demasiadas oposiciones como para pretender — en este esquema— suceder al kirchnerismo. Sin embargo, la casi nula posibilidad de una competencia interna entre las diferentes variantes K y Massa por adentro del PJ dividirá el voto peronista al menos en dos grandes espacios.

Esa división alimenta las expectativas del panradicalismo y el socialismo, al tiempo que optimiza las intenciones de Mauricio Macri. Y es en esa película que cobra protagonismo el 33 por ciento de las voluntades cristinistas. De no superarse en el tiempo ese abanico —aunque lo único que sobra es tiempo— todos los caminos conducen a un ballottage.

Alianzas cruzadas. En la política rosarina los objetivos de largo plazo de los partidos y alianzas tienen un mojón inmediato: la elección de presidente del Concejo Municipal, algo que consume por estas horas los nervios de los protagonistas de una historia que, como contrapartida, es chiquita para el gran público.

Y en esta instancia donde se puede encontrar el paralelismo con la realidad política nacional. Los acuerdos cruzados entre referencias del socialismo, radicalismo, PRO y los diversos tipos de peronismo constituyen la empírica demostración de la desaparición de los partidos políticos como factores de poder.

El socialista Miguel Zamarini va por una nueva reelección en la presidencia del Palacio Vasallo con más respaldo efectivo del ex candidato del Frente para la Victoria Héctor Cavallero, y del obstinado máximo opositor al oficialismo, Jorge Boasso, que de la propia Municipalidad, de neto cuño socialista. La intendenta Mónica Fein seguramente terminará apoyando a Zamarini más por necesidad que por convicción: si ese no es el nombre, el kirchnerismo y Boasso podrían terminar instalando candidatos propios y los números tendrían otra correlación.

El único bloque que se muestra decidido a presentar candidato propio para presidir el concejo es Unión PRO. "Vamos a demostrar quiénes son funcionales a la hora de la verdad. Nosotros tenemos decidido ir con un candidato (puede ser Carlos Cardozo) y no votarle al Ejecutivo los próximos proyectos para aumentar tributos y tarifas. El acompañamiento que dimos hasta aquí no quedó demostrado en hechos positivos desde la Municipalidad", dijeron a LaCapital desde el macrismo.

Hasta el miércoles se mencionaba que el socialismo podría promocionar a la radical Daniela León, pero ese nombre perdió peso específico en las últimas horas. "El único que puede apoyarla es (Carlos) Comi, mas los cuatro oficialistas. Son 6. El PRO tiene 6 voluntades, nosotros 13", dijeron cerca de Zamarini, en el final de una semana ajetreada.

Comienza a verse en la práctica las dificultades que tendrá el gobierno municipal a la hora de buscar mayorías en el Concejo como resultado de elecciones que dejaron un tablero mixturado en diferentes referencias. "Siempre gobernamos sin mayorías propias, tenemos que seguir siendo creativos a la hora de buscar consensos", plantean desde el socialismo.

La relación entre Fein y el palacio deliberativo rosarino será clave para la gobernabilidad de la intendenta, quien en las últimas horas tuvo la confirmación por propia boca de Hermes Binner de algo que se escribió en esta columna el domingo pasado: si su gestión pega un brinco tendrá el camino despejado para la reelección.

Entre dispersión y victorias módicas, el 27 de octubre escribió el guión para lo que viene. Habrá que observar cómo lo interpretan los actores.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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