Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Domingo, 03 Noviembre 2013

Perder elecciones y mantener el poder

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El gobierno nacional perdió las elecciones pero sigue conservando el poder.

El centro al corazón del área que Ricardo Lorenzetti le arrojó al kirchnerismo en el primer minuto posterior a la derrota le permitió a la Casa Rosada cambiar la agenda poselectoral, congelar los pases de factura que se insinuaban en su propia tropa e instalar una especie de déjà vu respecto de lo acontecido en las postrimerías de la debacle de 2009.

Sin embargo, se posa en el escenario una realidad objetiva que no existía en aquel momento, antes de que Francisco De Narváez se fumara una tonelada de votos: hoy Néstor Kirchner está muerto y Cristina Fernández termina irremediablemente su gestión el 10 de diciembre de 2015.

Otra similitud acerca los escenarios, atento a que la oposición ha quedado legitimada en varias oposiciones, abanico que, de no modificarse, le permitirá al kirchnerismo acceder cuanto menos a un ballottage en el próximo turno electoral. Y es aquí adónde se clava como una daga el gran interrogante de estas horas: ¿cómo, cuándo y con qué intenciones volverá a su lugar de trabajo la presidenta de la Nación?

Asuntos pendientes. Las cuestiones que deberá resolver la jefa del Estado en lo inmediato no son menores. Por el contrario, deberá dar señales claras y concretas de su estrategia política, producir cambios en un gabinete desgastado e introducir correcciones económicas. La casi nula información médica sobre su estado de salud alimentó rumores de todo tipo, lo que agiganta la expectativa por el regreso.

Luego de la derrota de 2009, Cristina introdujo modificaciones en su recorrido político de la mano de medidas que poco a poco se fueron constituyendo en el numen del relato. La aprobación parlamentaria de la ley de medios, la asignación universal por hijo y el aumento de la capacidad de consumo de las clases medias fueron de la mano de cierto abuenamiento discursivo que terminó en el 54 por ciento de los votos.

A la salida de la tunda electoral, la presidenta cambió los ejes discursivos, partió en dos la tierra entre buenos y malos y batió tambores de guerra al grito de "vamos por todo". Sin una crisis económica ostensible, la centralidad cada vez más asfixiante a la hora del discurso y la obsesión por no consensuar alimentaron la fuga de votos a la hora de cosechar masa crítica: el 27 de octubre quedó un 33,15 por ciento (entre el Frente para la Victoria y aliados) de aquel 54 por ciento. Aquí adquiere valor cuál será la respuesta que ofrezca Cristina al interrogante de ¿cómo y con qué discurso vuelve?

El dato empírico más visceral de la derrota está enclavado en los números de la provincia de Buenos Aires, el distrito que muestra los derroteros de los ciclos, contraciclos y de los probables fines de ciclo. Con una especie de rejuntado político armado sobre la hora, Sergio Massa derrotó por amplitud al ultrakirchnerismo y al gobernador Daniel Scioli. Además, la derrota de la Casa Rosada en ese territorio se produce pese a buenos índices de imagen positiva de la mandataria. A veces, el deseo de cambiar y el paso del tiempo corre por encima de las valoraciones y de los manuales.

El tercio de votos en manos del kirchnerismo acérrimo y la división del peronismo a la hora de buscar nuevas referencias es la mejor noticia que pudieron haber recibido Hermes Binner, Sergio Massa y Julio Cobos. Así como el voto duro cristinista le puede garantizar el acceso a una segunda vuelta, la capitalización del voto no peronista les puede permitir a las referencias del Frente Progresista y del PRO un sueño presidencial.

Ahora bien: así como se resalta la importancia estratégica de la provincia de Buenos Aires para condimentar el triunfo de Massa, debe decirse que tanto el macrismo como el Frente Progresista carecen de penetración en ese enclave. Y sin influencia en el distrito que reúne el 40 por ciento del padrón nacional cualquier sueño se choca con la aspereza de la realidad.

Hasta la llegada del salvador centro al área de Lorenzetti y de otros cinco miembros de la Corte Suprema comenzaba a instalarse un clima peligroso para el kirchnerismo, con una sumatoria de cruces que anticipaban futuros saltos de garrocha hacia otros destinos. Pese a que nadie del oficialismo podrá objetarle nada a Scioli con un sino de credibilidad, no es menos cierto que Insaurralde perdió por mayor amplitud que en la primarias. El mandatario bonaerense parece haber quedado por un tiempo en el peor de los mundos: no es imprescindible para el kirchnerismo paladar negro ni para la oposición más rabiosa.

Pero el ex motonauta ya ha dado clarísimas muestras de supervivencia en todos los escenarios posibles, siguiendo una fórmula invariablemente positiva para él. El paso del tiempo, ese que siempre perjudica a los oficialismos, es el mejor capital de Scioli. Así ha sobrevivido a Carlos Menem, a Eduardo Duhalde y a Néstor Kirchner. Así, ahora, espera ir más de allá de Cristina Fernández.

Llamados de atención. En los grandes distritos los comicios de medio término han confirmado las tendencias sobre el deseo ciudadano de enviar señales de alerta a los oficialismos. El único que se convirtió en la excepción a la regla en las dos instancias electorales fue Binner, dueño de contundentes triunfos en las primarias y en la general. En ciudad de Buenos Aires Macri debió lidiar y trabajar mucho para que el rabino Bergman superase a Elisa Carrió, aunque también ratificó la vigencia del PRO en ese distrito para el mediano plazo. En Córdoba, José Manuel De la Sota apenas logró el 26 por ciento de los votos de la mano de una floja performance de Juan Schiaretti.

Ese mar abierto también quedó enquistado en Rosario. Pese a la amplia oferta a concejal ninguno quedó legitimado para la candidatura a intendente de 2015. El 27, 21 por ciento de los votos que logró Miguel Cappiello le permitirá decir que las finales se ganan y no se explican, pero inmediatamente después debería llegar la admisión de una caída en el caudal del oficialismo.

Que Cappiello no haya superado el 30 por ciento de los votos, y que los opositores hayan tenido apenas un poroteo poco seductor como para posicionarse en alternativa para 2015, refuerza el ánimo de la intendenta Mónica Fein para ir por la reelección si es que su gestión pega un salto de calidad durante los dos años que quedan. Hasta el propio Binner admitió en una entrevista que se emitirá en las próximas horas que Fein deberá ir por la reelección.

Pasaron las elecciones, pero sigue la política. Y la historia grande —la del recambio en el poder— aún está por escribir sus mejores páginas.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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