Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Domingo, 13 Octubre 2013

Política entre balas y parte médico

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El gobernador Antonio Bonfatti podría haber muerto en el ataque a balazos contra su casa. Esa posibilidad —afortunadamente fallida— además de generar escalofríos, pone en evidencia una realidad que, de tan pulimentada, corre el severo riesgo de generar costumbrismo. Rosario está estragada por la violencia y la inseguridad.

Los márgenes de la política argentina han tenido en las últimas horas uno de esos típicos saltos de mata en los que la irracionalidad se mezcla con la agenda cotidiana y lo surrealista parece convertirse en un fresco costumbrista.

La lluvia de balas contra el domicilio del gobernador santafesino fue el arándano de un postre en mal estado que no sólo se ha cobrado más de 170 muertos en los arrabales rosarinos sino que tenía a primeras y segundas líneas del Ejecutivo provincial amenazadas de muerte. El viernes a la noche esa escalada de locura irracional creció con la balacera en la vivienda de calle Darragueira.

"Esto sucedió porque el gobierno provincial le movió el tablero a los narcos: hay presos, hay procesados, escuchas en las que saltan complicidades importantes. Quieren mostrar que hay vuelto, la pelea con estos tipos poderosos es así", dijo ayer un dirigente del Frente Progresista en una primera interpretación de los hechos.

El feroz ataque a la casa de Bonfatti cruza la raya e impone cambios en el contexto de la seguridad pública provincial. Pero también expresa claramente la necesidad de un abordaje interestatal para combatir las células narcos enquistadas en la ciudad.

Más que nunca Nación y provincia deberán interactuar antes de que sea demasiado tarde. Nunca hay que esperar a que un hombre muera para saber que todo corre peligro, ni a que te cuenten los libros lo que están tramando ahí fuera. En ese marco de referencia, hasta aparece como una señal obscena de la realidad que se haya producido un éxodo de gendarmes durante la campaña electoral desde Santa Fe hacia la provincia de Buenos Aires.

Silencio, hospital. Hasta producirse las estampidas en el domicilio del mandatario provincial, la actualidad política llegaba con sobresaltos y ecos de la nueva realidad que afronta el gobierno nacional tras la operación a la presidenta de la Nación, un episodio que desnudó las desventajas que provocan los imponderables de la excesiva centralidad.

La salida de escena temporal de Cristina Fernández de Kirchner generó un tembladeral iniciático en el oficialismo ante la necesidad de apelar al vicepresidente Amado Boudou, hasta hoy en el subsuelo de los dirigentes con mayores índices de imagen negativa. Pero esa situación también provocó elucubraciones irracionales e histéricas de algún enclave del análisis político, que descargó ironías sobre la catarata de apoyos hacia Boudou. ¿Cómo no iba a recibir espaldarazos desde el kirchnerismo si es quien sigue a la presidenta en la grilla institucional?

Las circunstancias médicas de la mandataria han vuelto a poner al gobernador Daniel Scioli en el centro de la consideración política oficialista. El ex motonauta se ha puesto la campaña bonaerense —la eterna madre de todas las batallas— sobre sus hombros, con algunos primeros pronósticos positivos.

En el interregno desde las primarias hasta los comicios generales del 27 de octubre, el kirchnerismo ha bloqueado el drenaje de votos hacia Sergio Massa. "Es que, en principio, la enfermedad de la presidenta tiene más posibilidades de beneficiarla que de perjudicarla. Lo primero es lo que en general sucede con los líderes políticos cuando sufren una desgracia o pérdida personal: concretamente es lo que sucedió con ella a partir del 27 de octubre de 2010, cuando murió su esposo Néstor Kirchner. Pero ello es relativo. También en el verano del año pasado ella fue internada tras anunciarse que sufría un cáncer y eso la llevó a delegar el gobierno durante tres semanas. Luego se informó que el diagnóstico había sido un «falso positivo». Ahora, el oficialismo parece haberse movido con gran velocidad", aporta Rosendo Fraga, desde el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, con encuestas en la mano.

En el resto de las grandes provincias la situación no ha sufrido demasiadas variantes desde el 11 de agosto. En Santa Fe, Hermes Binner validará su liderazgo territorial y quedará en condiciones de perfilarse como aspirante a la Presidencia, convirtiendo cartel en el espacio del panrradicalismo con Julio Cobos, seguro triunfador de los comicios en Mendoza. En una entrevista que hoy publica LaCapital, Binner admite esa posibilidad aunque se guarda un margen de acción para convertirse en candidato del consenso si es que el dirigente mendocino optase por una postulación a gobernador de su provincia.

En la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri quedará también revalidado con la victoria de Gabriela Michetti por amplísima brecha en la categoría a senador, aunque la floja performance de Sergio Bergman en el debate porteño abre dudas sobre la victoria sobre Elisa Carrió. Fiel a su mala costumbre de demoler lo que construye Lilita quiso emular malamente algún sketck vintage y se fotografió acostada debajo de un auto para maximizar diferencias con Aníbal Fernández.

Tampoco habrá sorpresas en Córdoba, distrito que le permitirá posicionar otra vez (¿y van?) a José Manuel De la Sota en el firmamento nacional, ahora camino al 2015. Ante ese horizonte inmediato, el kirchnerismo necesita mejorar la performance en las provincias más chicas y achicar aún más los márgenes en el bastión bonaerense.

La interna que viene. En la política interna santafesina, la trajinada semana a punto de despedirse trajo confirmaciones sobre el inquietante y atractivo juego de posicionamientos camino a la sucesión de Bonfatti en el partido de gobierno. Miguel Lifschitz mandó el aviso público que dará pelea en internas si es que la Casa Gris intenta la postulación de Rubén Galassi, hipótesis anticipada en esta columna sobre fines de 2012.

El ex intendente rosarino había tomado debida nota de los dichos del ministro de Gobierno, que refirió en una entrevista que el socialismo no tenía candidatos naturales y, el viernes, si bien se despojó de ese atributo, anticipó que "sería posible" una confrontación en primarias con Galassi. Nada de lo que suceda en el Partido Socialista quedará librado al azar: será Binner quien ofrezca bendición o excomunión.

Este capítulo de la historia recién comienza.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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