Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Domingo, 08 Septiembre 2013

El peronismo no perdona las derrotas

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Las lecciones que dejaron los resultados del 11 de agosto intentan ser aprendidas por la Casa Rosada. En un abrir y cerrar de ojos, el discurso del "vamos por todo" mutó hacia puertos más módicos, cuyo norte se asienta en dos pilares: inflación e inseguridad.

Aun ante la novedad discursiva de los candidatos y funcionarios del gobierno nacional, la presidenta de la Nación prefiere no rendirse frente a la evidencia y sigue instalando la idea de la existencia de una conspiración maléfica destinada a impedir que termine su mandato. Entre círculos rojos y negros, balas de tinta y conjeturas varias, Cristina Fernández se planta y parece dudar sobre la conveniencia de abuenarse y dejar de lado su estilo iracundo, que sólo dialoga con los "titulares".

Cambio dialéctico-táctico mediante, el oficialismo ha recuperado el centro de la escena y la agenda parcialmente perdida tras las primarias, y gasta sus esfuerzos en trajinar el territorio bonaerense —específicamente el conurbano— aun a riesgo de que con sus decisiones complique la suerte de sus candidatos en otros puntos del país.

La salida de casi 750 gendarmes de la provincia de Santa Fe para cumplir funciones de custodia en los abigarrados distritos del Gran Buenos Aires fue criticada hasta por el presidente del PJ local, José Luis Freyre, quien sintió en carne propia, como intendente de Venado Tuerto, los problemas que acarrea el retiro de los efectivos.

El reconocimiento de que la inseguridad lejos está de ser una sensación, le permite al gobierno usar la manta corta para intentar morigerar la problemática en la principal provincia del país, en la que necesita imperiosamente —cuanto menos— no perder por más votos en los comicios de octubre.

Sergio Massa se convirtió en una muy mala noticia no sólo para el kirchnerismo de paladar negro sino también para el gobernador Daniel Scioli, quien busca por todos los medios aupar a Martín Insaurralde, convencido de que una derrota por más de diez puntos arrojará nubes negras sobre su proyección presidencialista.

La manta corta del envío de gendarmes al conurbano destapó a la provincia de Santa Fe, justo cuando en Rosario se incrementa día a día la cantidad de hechos trágicos de violencia: desde el inicio de 2013 hasta hoy casi 160 personan han sido asesinadas, muchas de ellas como consecuencia directa o indirecta de actividades vinculadas al narcotráfico. Quitar gendarmes de las rutas que —aun con la presencia masiva de efectivos— resultan verdaderos coladores no parece constituir una medida eficaz.

Pero no sólo la cuestión vinculada a la inseguridad representa un cambio novedoso en el derrotero del oficialismo. El propio Insaurralde reconoció que la inflación es superior a la que mide el Indec, en un acto de sinceridad que —sin derrota mediante— hubiese sido considerado como una herejía por la jefa del Estado.

La gran pregunta que asoma tras los cambios y la decisión oficial de que no pagarán Ganancias los salarios inferiores a los 15.000 pesos es si al gobierno le alcanzarán estas medidas para remontar la derrota electoral. Aquí, necesariamente, se debe girar la mirada hacia la oposición.

En Santa Fe, Hermes Binner disfruta de los casi 16 puntos de ventaja que el Frente Progresista le sacó a Unión PRO. Salvo una masiva traslación a Miguel Del Sel de los votos que en primarias fueron a Jorge Obeid, resultará imposible que en octubre se modifiquen los lugares en la grilla. Binner, incluso, podrá llevar adelante en la campaña un estilo part time como el que desarrolló antes del 11 de agosto, repartiendo su tiempo entre la provincia de Santa Fe y otros distritos en los que intentó levantar las chances del Frente Progresista. Así como en la bota la coalición con los radicales ratificó su hegemonía, en otros distritos del país la performance no estuvo a la altura de lo que se esperaba.

El triunfo de Julio Cobos en Mendoza parece ir perfilando al cuyano como potencial aspirante radical a presidente, aunque anida también en ese vector el senador Ernesto Sanz. Como curiosidad del presente —y del destino— ambos dirigentes son mendocinos. No son pocos los que intentan auscultar las posibilidades de una futura interna abierta entre Binner y Cobos, como forma de constituir en alternativa al Frente Progresista ante el copioso halo de peronización que llega desde otros puntos del país.

Los comicios a diputado nacional en Santa Fe también dejarán estampada una primera leyenda de cara a la sucesión de Antonio Bonfatti. Una victoria de Binner por amplio margen abrirá las las chances para que un candidato surgido de las entrañas del socialismo —el natural es Miguel Lifschitz— pueda correr con amplísimas chances para la sucesión. Del Sel deberá acortar distancias atento a una verdad pulimentada: las finales no se explican, se ganan.

Riesgos del desalambrado. Con gran esfuerzo, Obeid intenta poner en la superficie que los cambios en el comando de campaña de su espacio apuestan necesariamente a mantener en pie al justicialismo santafesino y no solamente a la Casa Rosada. Se explica claramente en el episodio vinculado al envío de gendarmes hacia el conurbano cómo complica muchas veces al PJ local haber desalambrado la provincia de Santa Fe. Aunque haya decisiones nacionales que actúen como boomerang para las aspiraciones de los candidatos santafesinos está vedada cualquier crítica hacia la Casa Rosada.

Sabe Obeid que haber aceptado la primera candidatura a diputado nacional del Frente para la Victoria (FPV) en Santa Fe trae consigo el histórico beneficio de inventario. "Pagar los platos rotos", se escucha decir cerca suyo como sugerente elipsis.

La performance de Del Sel en Santa Fe fue una de las pocas sogas de la que se pudo colgar Mauricio Macri tras el 11 de agosto. El jefe de Gobierno porteño fue el primero y el único que tras las primarias salió a vocear oficialmente una candidatura presidencial. Al igual que el Frente Progresista, el líder del PRO necesita —además de una plataforma que vaya más allá de la Capital Federal— que los estruendos adentro del peronismo deriven en estallido y que, al final del camino, Massa y Scioli presenten armas y compitan por separado.

Pese a ciertos devaneos mediáticos, el salto desde el kirchnerismo hacia Massa aún resulta cualitativamente escaso. En Santa Fe sólo el diputado nacional Oscar Cachi Martínez pasó a engrosar las filas del tigrense y, a nivel bonaerense, no hubo demasiados cambios más allá de la veintena de intendentes que ficharon tempranamente.

Unos y otros esperan los resultados de octubre para —ahí sí— otear el horizonte y darle flexibilidad a los paracaídas. Flirtea en lo que fue el movimiento nacional, otrora organizado, una máxima irreductible, pragmática y brutal: "El peronismo perdona cualquier cosa, menos la derrota".

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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