Rosario, Miércoles 22 Noviembre 2017
Lunes, 05 Agosto 2013

Ruidos y nueces de campaña

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Un ciudadano desapasionado por la política podría decir: lo mejor de la campaña electoral es que sólo falta una semana para que termine.

Con la misma apatía popular que desde el inicio de la tarea proselitista, los precandidatos rosarinos saben que pocas cosas se podrán modificar hasta la veda que se inicia el viernes próximo, al menos en relación al direccionamiento del voto. Salvo poquísimas excepciones, una de las rarezas de la campaña ha sido la dificultad extrema —cuasi inédita— a la hora de la instalación de temas que no hayan estado previamente en la agenda de la ciudad.

La seguridad funcionó en un carril demasiado transitado por todos los postulantes, al igual que los reclamos por cloacas ausentes y la situación del transporte. A esas peticiones de campaña módicas, variopintas y repetitivas les faltó el valor agregado de la política.

Pese a que el socialismo lleva más de 20 años en la administración del gobierno rosarino, los opositores (un abanico demasiado amplio que termina siempre favoreciendo las chances del Palacio de los Leones) prefirieron casi no hacer eje en esta cuestión como prioridad de campaña. Es más, con picardía y rapidez de reflejos, el que utilizó el paso del tiempo como factor negativo en la política fue Miguel Cappiello, quien recordó los 20 años de Jorge Boasso como concejal. El edil radical acusó al ministro de ser un "candidato testimonial que no asumirá la banca", en el inicio del picante escarceo.

Un buen momento. El cruce mediático entre Cappiello y Boasso fue el único punto políticamente atractivo, y que alejó por un momento el temario ciertamente previsible de las recorridas, los besos a los chicos en los barrios y los gestos de preocupación frente a un par de vecinos en las fotos.

La apatía y el letargo de los rosarinos frente al festival electoral no sólo obedece a la ausencia de grandes tigres de papel que actúen como anzuelos a la hora de interesarlos. La absurda cantidad de listas y de candidatos termina obturando la capacidad de atención de los sujetos hacia quienes van dirigidos los mensajes de campaña. Resulta difícil de entender semejante profusión de postulantes, algo que queda corroborado desde lo empírico: hay 32 listas para ocupar solamente 13 bancas en el Palacio Vasallo.

Es más, la ley de primarias abiertas, obligatorias y simultáneas que los legisladores provinciales votaron se da de bruces con el espíritu competitivo que deberían tener estos comicios. A los únicos que se les reclama un piso para acceder a la lista definitiva de la elección general es a quienes sí compiten en internas. Todos aquellos precandidatos que van por afuera de los frentes tienen asegurada su presencia en octubre aunque no cosechen más de diez votos. Un aporte a la confusión general que los legisladores deberían modificar, si es que quieren evitar estas campañas desmadradas.

Cuestión de historia. Al no existir sorpresas de envergadura, a nadie debería extrañar que los referentes con más historia en la ciudad sean los que tengan más chances de triunfar. Cappiello ganará su interna (el interés está puesto en saber si el segundo lugar corresponderá a Mónica Peralta o Martín Rosúa) y tendrá un largo tiempo hasta octubre para intentar mantener el invicto del socialismo.

La estrategia oficialista para encumbrar a Cappiello repite lo que Hermes Binner hizo con Rubén Giustiniani, en el 2009, y con Antonio Bonfatti en 2011: auparlo, pegarlo a su figura hasta hacerlo popular y luego lograr la tracción electoral.

El significado de Binner para el socialismo escapa a cualquier antecedente en la provincia. Recuerda el consultor Hugo Haime —en un libro de reciente aparición sobre campañas políticas— que un mes antes de las elecciones a senador de 2009, Carlos Reutemann le llevaba 20 puntos de diferencia a Giustiniani, algo que el hoy senador socialista pudo revertir por la tracción de Binner. Finalmente, el Lole ganó por una pequeña uña de diferencia: 1.5 por ciento.

Hace dos años, al que le tocó sufrir la tracción de Binner fue al propio Giustiniani. Bonfatti, quien arrancó la primaria con sólo 6 por ciento de intención de voto, no sólo terminó ganando esa compulsa sino que se convirtió en gobernador.

¿Podrá demostrar esta vez con Cappiello que su influencia en el electorado local está intacta? Por lo pronto, la imagen de Binner junto a Cappiello aparece multiplicada hasta en los paquetes de yerba que regala la intendenta Mónica Fein en sus caminatas.

En el FPV, Héctor Cavallero asoma como ganador, merced a su histórica performance en los barrios. Allí le reconocen al líder del PPS su gestión como intendente y su cercanía temática en todos estos años.

Fernando Rosúa ha tenido una tarea bien direccionada e intentará colarse en un lugar de privilegio de la nómina final, con proyección para que el peronismo rosarino no tenga que seguir dependiendo de un extrapartidario.

El Movimiento Evita decidió reunir en un mismo ámbito a todas las listas que compiten en el FPV y, anoche, Cavallero asistió a Sportivo América, en lo que estaba programado como el acto de cierre del hijo del ex ministro de Gobierno. Un mensaje interno de unidad kirchnerista en el FPV y de marcación de cancha hacia La Cámpora, que se referencia en Sebastián Artola. Este precandidato es quien más ha promocionado a Cristina Fernández a la hora de llevar adelante su táctica proselitista.

Cappiello, Cavallero y Boasso siguen siendo en la multitud de encuestas los que gozan de las mayores preferencias, encabezando uno u otro, según de quién sea la autoría de los sondeos. Diego Giuliano tiene ante sí una interna que puede revalidarlo como atractivo para octubre si es que logra imponerse a la modelo y conductora de TV Anita Martínez, quien se vio respaldada por la militancia juvenil del PRO.

El tajo que produce esa lucha intestina entre Giuliano y el macrismo local es tan intensa que ni Mauricio Macri ni Miguel Del Sel pudieron hacer campaña con los precandidatos a concejal. Toda una rareza.

Buscando un lugar. Con menos recursos, Alberto Cortés, la izquierda, Carlos Cossia, Giros y Juan Giani —entre otros— sueñan con atraer la atención.

Al tiempo que la campaña nacional tiene a Cristina Fernández como protagonista del oficialismo —intentando, incluso, colar al Papa Francisco como factor coadyuvante— en Rosario el festival electoral ingresa a su última función.

Lo que viene transcurrirá como hasta ahora: con una multitud de pretendientes intentando que se los escuche o se los distinga entre el ruido ensordecedor y la policromía de los carteles.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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