Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Domingo, 21 Julio 2013

Campaña y piedras en el zapato

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Al tiempo que la campaña electoral en Santa Fe no logra romper la abulia más allá del politizado círculo rojo de la política activa, el gobierno nacional vivió una de sus semanas más traumáticas desde que Cristina Fernández revolucionó el amperímetro con el 54% de los votos.

   La ausencia de competencia interna de fuste en los frentes electorales más populosos de cara a los comicios legislativos le quita espesor a la tarea proselitista del día a día (apenas un festival de engrudo y carteles sin ideas fuerza), pero, aun así, deja algunas postales para el análisis. Seguro de estar al frente en la intención de voto de los santafesinos, Hermes Binner demuestra cierta comodidad al encabezar una campaña part time, algo inédito para un postulante santafesino que debe revalidar títulos en el terruño.

   El ex gobernador socialista estuvo por estos días en provincia de Buenos Aires intentando aupar a la lista del Frente Amplio Progresista que, por ahora, luce rezagada respecto a los dos conglomerados peronistas que disputan el título, y cuyas listas son encabezadas por Sergio Massa y Martín Insaurralde. Binner intentó insuflarle ánimo preelectoral a Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, quienes pelean en un segundo estadío-pelotón con Francisco De Narváez.

   El líder socialista aprovechó el escaparate para mostrarse (el jueves) junto al gobernador Antonio Bonfatti en un estudio de televisión porteño, algo que no sucedía en los medios desde el mismo momento en que se concretó la sucesión de 2011. La intención de esa foto tiene dos musas inspiradoras: Binner pretende demostrar que no hay fisuras ni en la relación con el titular de la Casa Gris ni en el modo de posicionarse frente a la Casa Rosada.

   También para Bonfatti un triunfo del Frente Progresista en los comicios a diputado nacional traerá aparejado notorios beneficios. Aunque no estén en juego cargos ejecutivos ni bancas provinciales, toda elección de mitad de mandato es leída como plebiscito: una eventual amplia victoria de Binner le despejará el camino a la administración santafesina en los dos últimos años de gestión.

   La estrategia de Binner apunta a solidificar en las urnas santafesinas lo que le dicen las encuestas pero, además, a intentar mantener en pie su candidatura presidencial para 2015. Ese intento de picar las aceitunas en diversos platos no se detendrá a menos que empiece a correr riesgo la elección en la bota, algo que por ahora no aparece.

   Y en estos juegos de poder brotan los desafíos para Jorge Obeid y Miguel Del Sel. No son pocos los que por estas horas pronostican un crecimiento en ciernes de las aspiraciones de la lista del PJ-FPV, atento a algunas señales positivas que llegan desde el interior de la provincia con el compromiso de numerosos intendentes de jugar a pie juntillas con el dos veces gobernador. Para todo lo demás, está la chequera —frondosa y seductora— del Ministerio de Planificación, que conduce Julio De Vido.

   Esa pelea por el voto peronista también obliga a Del Sel a cambiar de estilo. En las últimas horas se produjeron encuentros entre los diseñadores de la campaña del ex Midachi para incorporarle nuevos bríos y anzuelos. “Se perdió el efecto sorpresa que Miguel generó en 2011, ahora hay que mostrar planes, proyectos de ley, un norte, algún horizonte concreto”, dijeron a La Capital desde el reservorio de Unión PRO.

   Por eso, Del Sel voceó está semana una futura iniciativa legislativa para declarar a Santa Fe en emergencia de seguridad si es que resulta electo diputado. La necesidad de mantener el voto peronista hace que el macrismo ocupe un segundo plano en la campaña santafesina y alimente rumores de disputa.

   Obeid recuperó la adrenalina de los políticos en campaña. Al tiempo que Binner nacionaliza los mensajes, enfocando los dardos hacia Balcarce 50, el dirigente de la capital provincial traza un mapa crítico sobre la herencia recibida por Bonfatti, maximiza los costos de la saga de violencia y muerte por los episodios de narcotráfico e intenta polarizar con el Frente Progresista, blandiendo que los votos que se llevó Del Sel ya regresaron al hogar paterno.

   Hasta el momento el cruce más picante de la campaña electoral fue producido por el informe de la Universidad Nacional de Rosario, que elevó a la friolera de 1.000 casos la tasa de homicidios en Rosario desde el 2004, una cifra a todas luces escalofriante. Rápidamente desde el socialismo vincularon el trabajo con un enclave kirchnerista en el vicerrectorado de la UNR, alineando a Eduardo Seminara —candidato a diputado nacional del FPV— con la autoría intelectual del informe multimedia.

   Al margen de cifras, desmentidas, acusaciones y operaciones políticas, es verdad que existe ausencia de estadísticas oficiales sobre semejante espiral de violencia, algo que hace cotizar a la altura de las nubes cualquier paper que haga eje en las estadísticas.

   Se dijo en esta misma columna cuando el gobierno provincial estaba acorralado por las acusaciones alrededor de quien era su jefe de policía, Hugo Tognoli, que la cuestión iba a penetrar con fuerza en la campaña electoral, pese a tratarse de una cuestión de Estado. Pretender que no sea aprovechada políticamente es como rezar para que caiga nieve en el enero rosarino. Desde ahora y hasta el 2015 todos y cada uno de los actos direccionados desde los gobiernos estarán impregnados de política pura y dura.

La columna del relato. Esa misma lógica cabe para el gobierno nacional, que padece una verdadera tormenta política en lo que constituye la flor y nata del relato: la defensa de los derechos humanos y el juicio y castigo a los represores de la última dictadura. Encallaron en cercanías de ese islote las gravísimas denuncias contra el jefe del Ejército, César Milani, acusado de haber participado en la detención ilegal de una víctima de la represión.

   Se recuerda por estas horas que el gobierno impulsó la llamada teoría jurídica del dominio del hecho para condenar a otros militares que estuvieron destinados, como Milani, en batallones que participaron de la represión ilegal y que, por su jerarquía, deberían haber sabido qué pasó con sus subordinados.

   La situación de prófugo de la Justicia que envolvió al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime durante varios días también alteró los ánimos del oficialismo. La rápida intervención de la Cámara Federal dictando la exención de prisión y criticando con extrema dureza los argumentos del juez Claudio Bonadío trajeron algo de alivio a Cristina Fernández, justo cuando la oposición ya se restregaba las manos imaginando a Jaime como el primer preso del kirchnerismo.

   La secuencia ilustró la inusual situación de tener al gobierno a la defensiva. Habrá sido, tal vez, sólo una pause break al imperio de las circunstancias. En el horizonte inmediato asoman decisiones importantes —no exentas de polémica— para aceitar el derrotero del “vamos por todo”. Una historia que siempre continúa.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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