Rosario, Domingo 19 Noviembre 2017
Domingo, 19 Mayo 2013

Muchos opositores, poca oposición

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Un observador lo suficientemente cínico y escéptico podría decir que lo mejor que hace la oposición es pelearse públicamente y autoflagelarse en vez de trazar liderazgos firmes y alternativos a la hora de pelear por el acceso al poder. Una mirada interesada desde adentro del abanico antikirchnerista, en cambio, podrá sostener que lo que está sucediendo es la multiplicación de las voluntades. Elija el lector no alineado qué opción le resulta más verosímil.

Lavagna vs. Macri. Michetti vs. Moyano. Carrió contra todos. Todos contra Carrió. Juez vs. Binner. Esa podría ser una marquesina (que incluso peca por defecto) ilustrativa y anunciadora del estado embrionario por el que transita la oposición. La inminencia del cierre de listas para disputar la gran final con el oficialismo lejos de hacerles mantener el pulso, saca de quicio a no pocos opositores.

El cuadro de situación podría tener una mirada cómplice y hasta justificatoria desde el periodismo independiente si no fuese que existen antecedentes que hicieron naufragar a la oposición en los comicios de 2011. La paliza electoral que Cristina Fernández le propinó a la constelación adversaria quedó patentizada en el 54 por ciento como dato duro, pero la diferencia de 37 puntos entre ella y el segundo (Hermes Binner) habló a las claras del grueso error cometido.

Primarias sin competencia. Un dato no menor que permite el recorrido analítico por las estrategias opositoras de cara a aquellos comicios presidenciales es la falta de utilización de las primarias. De internas abiertas, simultáneas y obligatorias sólo parece quedar el nombre.

No hubo competencia interna en ninguno de los partidos, pese a que —en el fondo del análisis— no se observan diferencias de fuste entre radicales, socialistas, lilitos, ex lilitos, GEN, Proyecto Sur y decenas de sellos que imprimen la palabra "progresismo" como los relatores de fútbol anuncian el "peligro de gol". Cada partido prefirió llegar a la instancia definitoria con su propio candidato. El resultado está aún a la vista.

La estrategia va camino a repetirse, esta vez con las elecciones legislativas en el horizonte. Se justifican los opositores fundamentando que ahora se tratará de ganar en las provincias y no abrevar en un triunfo nacional que deje un par de liderazgos consolidados. Esa ausencia de competencia convierte a las Paso (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) en una instancia de hecho inexistente pero que consumirá casi tanto dinero —o más— que una elección general.

La ausencia de competencia maximiza las peleas por lugares en listas en las que no entran todos. Figuras, figuritas y figurones privilegian sus nombres por los del conjunto y, cuando se cierran las chances, ingresan en el terreno descalificatorio hacia el otro. Tácticas suicidas frente a un gobierno que jugará su suerte a todo o nada el 27 de octubre, con un dato que no es muy tenido en cuenta: el oficialismo renovará bancas de su peor elección.

Los opositores deben poner su norte en el 40 por ciento de la sociedad que no abona al antikirchnerismo fulminante ni al kirchnerismo ciego, Ese sector de la torta que contribuyó al 54 por ciento de Cristina en 2011. Si esas fuerzas y esos dirigentes no logran cambiar diametralmente el direccionamiento hacia el oficialismo terminarán cazando leones amaestrados en el zoológico.

Unidos y organizados. La ecuación parece estar bien resuelta en Santa Fe, donde Hermes Binner parece decidido a encolumnar a los presidentes de la UCR y la Coalición Cívica en la misma lista, pero los caminos se bifurcan a medida que el mapa escarpa en otros distritos. La ciudad de Buenos Aires es una buena muestra del aquelarre opositor. Elisa Carrió logró allí una alianza impensada con Pino Solanas y el socialismo, representado en Roy Cortina. Pero al mismo tiempo, Lilita tilda de corruptos a Binner y a la UCR, quienes, según ella, se dejaron "violar" por el kirchnerismo.

Desde la cúpula del PS sostienen a LaCapital que los socialistas porteños deberán elegir "entre Carrió o Binner", a la par que Ricardo Gil Lavedra acusa a Carrió de haber sido "violada mientras dormía", en un cruce tan poco edificante como revelador del estado de las cosas en la centroizquierda a la hora de negociar en silencio y con vocación de poder.

Por un sendero parecido caminó la semana pasada el senador cordobés Luis Juez. "Binner tiene un reloj de arena, pero le pone piedras, me gustarían respuestas más rápidas", señaló el dirigente al cuestionar la forma de conducción, al tiempo que pronosticó que la ruptura del FAP porteño podría replicarse en la provincia de Buenos Aires. "En algún momento al FAP lo va a estar conduciendo Pancho Dotto (representante de modelos), está lleno de vedettes", agregó.

En una entrevista que hoy publica LaCapital (ver página 16), el ex intendente cordobés apela a la muletilla conocida del "fuera de contexto" y parece desdecirse de sus palabras. Sin embargo, el daño colateral ya fue infringido.

Las mismas chispas aparecieron en el firmamento del justicialismo disidente y el PRO. Cerca de Mauricio Macri se dieron cuenta algo tarde de algunas características problemáticas de Roberto Lavagna, quien era número puesto para encabezar la candidatura a senador porteño por un espacio en común. La disputa por candidaturas en la Legislatura porteña y en la lista a diputado nacional aguaron la entente. Ahí mismo se derivaron críticas furibundas entre los potenciales aliados por la fotos de la represión en el Borda y la figura de Hugo Moyano.

Sin dudas que intentar un acuerdo electoral entre perfiles tan disímiles en algunos planos y tan parecidos en otros lleva implícito un mar de dificultades, pero lo menos que se les puede pedir a quienes intentan seducir al electorado con líderes y planes alternativos es que diriman esas diferencias por afuera de la estridencia mediática.

 

Hoguera de vanidades. La mezcla de vanidades y sobreoferta no impidió que la oposición derrotase al kirchnerismo en 2009 y quedara en condiciones inmejorables de articular una alternativa para las presidenciales. Esa potencialidad opositora explotó en el aire a la hora de superar en el día a día al kirchnerismo, que se recuperó, cicatrizó las heridas y se transformó en gigante.

La oposición en singular, los opositores en plural, deberían detenerse en aquella máxima que se le adjudica a Albert Einstein: "Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes". Las veleidades y las peleas por un lugar en la pasarela deberían tener un límite concreto en la práctica. El futuro político se definirá en las urnas de octubre y no en una galería espejada de egos y vanidades.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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