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Domingo, 29 Abril 2012

Gobernar sin oposición

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Cristina Fernández de Kirchner pegó otro golpe de timón, enderezó la nave, y dejó como saldo de estos últimos 7 días la ratificación de una sensación que viene apoderándose de la política nativa desde hace ya varios años: no tiene obstáculos a la vista que no pasen por su tentación retórica de ponerse piedras en el zapato.

La presidenta impuso la agenda con la nacionalización de YPF y convirtió la aprobación legislativa en un mero trámite. Otra vez —como con las AFJP, la ley de medios y la estatización de Aerolíneas— la oposición se limitó a levantar la mano, hacerle la segunda al gobierno y guardar los rezongos para los pasillos del Congreso. A esta altura de las circunstancias, la extrema debilidad opositora amenaza con convertirse en un severo problema para la sociedad que no termina de asimilar ni el estilo ni la práctica del kirchnerismo.

Aunque las encuestas y la sensación térmica indiquen que Cristina sigue gozando de un altísimo crédito de parte de las mayorías, no hay opositores a la vista que, al menos, puedan representar a ese casi 50 por ciento de ciudadanos que transita por otro carril. Se trata de una obra a la espera de un director de orquesta que pueda interpretarla. Por el momento, la oposición ni siquiera se parece a una orquesta desafinada. Esa presunta orquesta ni se escucha.

La resurrección. Si la postal de Semana Santa mostraba a un gobierno arrinconado por el jaque al vicepresidente Amado Boudou, rodeado de escándalo, presuntos testaferros y alquileres difusos, hoy la situación mutó hacia esos recurrentes renacimientos que logra el kirchnerismo. Merced al respaldo explícito en los hechos que Cristina le dio a su ex ministro de Economía, el oficialismo terminó la semana mostrando su renovada capacidad movilizadora llenando la cancha de Vélez sin el concurso del aparato del PJ ni de los sindicatos. Una puesta en escena que subió nuevos actores a la escena: el Movimiento Evita, La Cámpora y otras agrupaciones satélite del oficialismo.

El mensaje que dio Cristina es fácil de captar. Quiso mostrar —y lo logró— que en esta fase de su gestión puede navegar sin el aporte de quienes constituyeron "la columna vertebral" del justicialismo. El PJ estructural (léase los gobernadores, intendentes y legisladores con antecedentes lejanos al kirchnerismo) observa la película y casi que se ha quedado sin margen para definir el decurso.

Más temprano que tarde, el oficialismo irá por lo que hasta hace pocas semanas era un tabú: la reforma constitucional. Esa instancia que se recortaba en el horizonte inmediato como una misión imposible, hoy es admitida por dirigentes que tienen peso propio en el universo de Balcarce 50. "Ir por una reforma con reelección podría tener costos peligrosos para el peronismo. No se olvide que por la re-reelección de (Carlos) Menem se nos coló la Alianza. A la gente no le gusta que los presidentes quieran eternizarse en el poder", dijo a LaCapital un ex gobernador justicialista, quien sin embargo admitió que la oposición no está en condiciones de frenar nada.

¿Qué harán los gobernadores del PJ que tienen aspiraciones de suceder a Cristina en el 2015 si es que se anuncia una reforma constitucional con re-reelección? "Van todos en la boleta detrás de Cristina para quedarse cuatro años más gobernando sus provincias. Esto es peronismo", admite entre sonrisas el referente justicialista, dando a entender que los factores de poder interno tampoco tienen el peso de antes.

Cazadores, cazados. Cristina se da todos los gustas y logra lo que se propone. Un ejemplo taxativo es el caso Boudou. Hoy, están mucho más comprometidos los investigadores del vicepresidente que los investigados. A saber: el juez Daniel Rafecas quedó separado de la causa; el fiscal Carlos Rívolo está a punto también de ser desafectado; el ex jefe de los fiscales Esteban Righi es ahora investigado por una cuadrilla de fiscales. Los cazadores parecen haber sido cazados.

La foto de Boudou solo, fané y descangallado en un salón del Senado de la Nación monologando contra el resto del mundo devino en una nueva postal, con el vicepresidente saludando a todos en el palco de Vélez y tirando besos a la multitud. "Hay que defender a Amado, porque después vendrán por mí", dicen que ordenó la presidenta a su tropa que, en estampida, salió a abroquelarse con el presidente del Senado.

El gobierno avanzó en tres frentes: logró una goleada histórica en la votación del Senado por YPF (63 a 3), sacó de la cancha a los investigadores de Boudou, pudo mostrar un titular con Mauricio Macri otra vez procesado y se dio el lujo de tener al empresario amigo Cristóbal López al frente de uno de los conglomerados mediáticos más importantes del país. Todo esto sin transpirar y con una oposición que balconea.

El escenario despejado para el mundillo K agranda la óptica del futuro. Hay que mirar con lupa los movimientos hacia el próximo paso, que podría estar pletórico de novedades direccionadas a profundizar "el modelo nacional y popular" con nuevas estatizaciones en el campo de los servicios.

La gran novedad, sin embargo, podría venir acompañada de un llamado a la reforma constitucional. "Estén atentos a lo que pasará en las elecciones legislativas de 2013, puntualmente al Senado de la Nación", admitió la senadora nacional Roxana Latorre. En muchas provincias, el gobierno podrá alcanzar los tres legisladores (dos por la mayoría y uno por la minoría) para esa causa. Por estas horas, Hermes Binner mensura que la decisión de llamar a una reforma constitucional podría llegar, incluso, antes de los comicios legislativos de 2015.

Cristina está siendo fiel a lo que anunció a los gritos en Rosario a fines de febrero, mientras Mónica Fein recordaba las bondades patrióticas de Manuel Belgrano. Va por todo.

Es hora de que la oposición se considere formalmente notificada e interrumpa lo que parece ser una siesta interminable.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital