Rosario, Viernes 24 Noviembre 2017
Domingo, 13 Enero 2013

Estrépito narco y política rosarina

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El estrépito que antes alteraba la calma chica y bucólica de los veranos rosarinos venía de la mano de alguna declaración estridente de algún funcionario o político local posicionándose para la temporada de elecciones. Hoy, el único sacudón informativo procede de la inédita espiral de violencia acicateada por la penetración del narcotráfico en la ciudad. No hay nada para celebrar.

   Al tiempo que la clase política intenta maximizar el potencial capítulo de negociación y rosca de cara a los comicios de 2013 que aún no tienen fecha cierta en Santa Fe, la agenda parece destinada a no querer saltearse el clima de zona liberada por el que transitan determinados barrios rosarinos. La escalada de episodios regados con pólvora ya no puede ser considerada una novedad y desnuda falencias del Estado para resolver el problema.

   En verdad, el combo se instala en Rosario como una fenomenología nueva para lo que era la relación entre la política y los habitantes de las zonas más carenciadas. Hasta no hace demasiado tiempo la pacificación social en diversos estratos se reducía a llevar eficientemente planes de asistencia para paliar mínimamente las carencias. El narcotráfico ha penetrado algunas de esas capas y el problema hoy es de otra índole.

   Los soldaditos del narcotráfico no quieren ser contenidos por los punteros de la política, son los primeros esbirros de otra actividad punteril, vinculada a la delincuencia, cada más violenta. Pese a la grandilocuencia de los hechos y su repercusión mediática, el flagelo está a tiempo de ser detenido. Pero no queda mucho tiempo antes de que pueda convertirse en lo que algunos teóricos llaman “la favelización de Rosario”.

   La salida de este laberinto ha sido sobrediagnosticada. Desde la oposición al Frente Progresista que gobierna la provincia se repite la crítica al Ejecutivo por no saber cómo controlar a la policía, primero cuando aparecieron los brotes del narcoescándalo que tuvo nada más ni nada menos que al jefe de la fuerza involucrado en la cuestión, y ahora por la falta de prevención y represión de los hechos que terminaron con la vida de una trabajadora social en barrio Ludueña e hirieron a militantes del Movimiento Evita en Nuevo Alberdi.

   Desde la Casa Gris se repitió hasta el cansancio que ninguna solución definitiva podrá llegar sin la participación de las fuerzas nacionales de seguridad en la lucha contra el narcotráfico, máxime cuando la problemática se convierte en una sumatoria de intereses oscuros que amenaza enquistarse en instituciones clave.

   Las dos lecturas son ciertas, llevan una lógica pulimentada y cargada de razones. Pero en el mientras tanto la violencia se extiende como una mancha de humedad, los vecinos de las zonas escaldadas por los narcotraficantes se sienten desamparados y la sensación general es que ya ni siquiera hay que esperar que alguien muera para saber que todo corre peligro.

   La extensión en el tiempo del fenómeno —que tuvo su capítulo más estentóreo con el narcoescándalo— y la cercanía de un proceso electoral en el que se buscarán réditos políticos no permite acceder a un pronóstico favorable.

   La acusación de “narcosocialismo” que vociferó desde su banca de diputado el dirigente de La Cámpora Andrés Cuervo Larroque habilitó una rencilla política que difícilmente sea tapada por una cuestión de Estado a la hora de que provincia y Nación trabajen codo a codo, justo en un año electoral. Ayer mismo, el dirigente Emilio Pérsico acusó que “Binner y Bonfatti le entregaron Rosario al narcotráfico”.

   Bordea a todo el contexto una sensación de impunidad y ausencia de compromiso. Algunas resoluciones de la Justicia federal tampoco permiten ser optimistas en cuanto a sanciones ejemplares y ejemplarizadoras. Basta escuchar el relato de autoridades o de diputados santafesinos que siguen de cerca algunos casos para llegar a la conclusión de que cierto estamento judicial está regado de sospechas.

   La balacera que recibieron los militantes en Nuevo Alberdi coincidió en el tiempo con la decisión del gobierno de Mónica Fein de acelerar el contacto cara a cara con los vecinos tratando de remontar la cuesta tras un 2012 poco pródigo para la gestión. “Decidimos que la intendenta profundice el cara a cara con los vecinos en todos los distritos y lo seguiremos haciendo. Se trata de avanzar en pequeñas cosas, de trabajar con las propias organizaciones de los barrios. Lamentablemente, quedó en segundo plano por lo que sucedió en Nuevo Alberdi”, dijo a La Capital un funcionario todoterreno del Palacio de los Leones.

   En el socialismo rosarino no quieren hablar hasta marzo de la lista que tendrá que defender a capa y espada la gestión. Una de las estrategias que por ahora es mensurada consiste en presentar en las internas una “nómina oficial” (tal vez encabezada por el secretario de Gobierno, Fernando Asegurado) y varias listas compuestas por partidos aliados. Encallan en ese horizonte oficialista Pablo Javkin (quien lideraría la boleta de la Coalición Cívica) y Mónica Peralta (GEN).

   Incluso, le habrían hecho llegar al presidente del Concejo Municipal, Miguel Zamarini, la sugerencia de que arme una lista propia ya que no había espacio para contener a ese sector en la “nómina oficial”. Rápidos de reflejos desde el sector radical de María Eugenia Schmuck intentan seducir a Zamarini para la conformación de “un bloque progresista” si es que deciden competir por adentro del frente oficialista.

   Una calificada fuente del socialismo rosarino negó que se le haya ofrecido a la ex jugadora de Hockey Ayelén Stepnik el segundo lugar en la lista a concejal. También rechazó que esté acordada la candidatura de una de las grandes autoras del relato socialista, María de los Angeles Chiqui González.

   Por estas horas, se suceden las reuniones entre Boasso y Schmuck para definir qué hará ese espacio ante la propuesta sugerente de Mauricio Macri de conformar un frente con el edil rosarino. La blonda concejala rosarina es la más reacia a dar un paso adelante hacia un acuerdo con el PRO, y se muestra proclive a que Boasso y Sebastián Chale encabecen una opción electoral por afuera del Frente Progresista.

   De estas cuestiones se hablaba en la política rosarina hasta que la peor realidad volvió a instalarse en las populosas barriadas de barrio Ludueña y Nuevo Alberdi.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital

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