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Santa Fe tuvo una agenda explosiva

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Domingo, 30 de diciembre de 201201:00 | Opinión

La Legislatura le dio a Bonfatti una herramienta clave a la hora de gobernar: la reforma tributaria. La profunda división del peronismo santafesino beneficia y alivia al Frente Progresista.

El 2012 no fue un año placentero para el gobierno provincial. Entre la necesidad de achicar el déficit y la explosión del narcoescándalo, la agenda le dio poco respiro.

Por primera vez en la historia de la posdictadura, la administración central santafesina no tuvo —ni tendrá hasta 2015— mayorías propias en la Legislatura. Pero, lo que llenó de dudas el inicio de la gestión de Antonio Bonfatti (cómo sería la relación con el peronismo santafesino y Unión PRO) tuvo un aceptable decurso. Durante la campaña electoral de 2011, el entonces primer candidato a diputado provincial del Frente Progresista, Raúl Lamberto, soltó sin ambages que, de ganar el PJ los comicios a legislador, la gobernabilidad en Santa Fe correría riesgos. Debe decirse de entrada que, afortunadamente, ese pronóstico se dio de bruces con la realidad.

El sistema de boleta única que propicia de manera magnifica la libertad del votante tuvo un primer saldo positivo: la sociedad santafesina optó por Bonfatti a gobernador y le dio atribuciones a la lista del PJ y de Unión PRO para que lleve adelante funciones de contralor en el Parlamento santafesino. Las hipótesis de catástrofe no tuvieron razón de ser: los opositores votaron una ley de aumento de impuestos que poco tuvo que ver con una reforma tributaria profunda y tajante. Sí hubo —y ojalá que jamás se pierda esa costumbre— fuertes discusiones políticas entre oficialistas y opositores sobre cuestiones que no llevaron sangre al río.

La gestión de Bonfatti afrontó desde el inicio problemas de caja, lo que maximizó la cintura política del gobernador a la hora de negociar con diputados y senadores. Pacientemente, debió ir cerrando el fortísimo déficit con que asumió la Gobernación (casi 1.600 millones de pesos) sin poder echar mano a ese latiguillo tan propio de la política nativa que transfiere todos los males a "la herencia recibida". Bonfatti, al fin, fue el heredero de la gestión de Hermes Binner. Y su propio heredero si se recuerda que fue el superministro del gobierno de su antecesor.

La ausencia de grandes obras y de grandes anuncios en este tiempo intenta ser zanjado por un trabajo hormiga de parte del gobierno provincial. "Estamos haciendo obras que nadie ve porque son estructurales, como por ejemplo en la EPE", se jactan en la Casa Gris a la espera de una temporada estival que no devuelva como una ola los gravísimos trastornos que padeció la sociedad rosarina en enero pasado.

El socialismo se ha quedado con muy pocos legisladores provinciales, algo que sorprende y mucho si se tiene en cuenta la realidad política de la bota. Dicen muchos de sus teóricos que esto es producto del sistema de distribución de bancas que define la Constitución, que no trepidan en calificar de injusta. Sin embargo, algo ha cambiado en la esfera del Frente Progresista.

El radicalismo —socio mayoritario y casi exclusivo— supo aprovechar los intersticios que se produjeron tras la furibunda interna a gobernador entre Bonfatti y Rubén Giustiniani. Le hizo bien a la UCR tener un candidato propio que, además de mostrarlo vigente, le permitió colar varios legisladores propios.

La salida de Lamberto del redil legislativo dejó a los socialistas con sólo tres diputados propios, que deben lidiar con los socios del Frente Progresista, primero, y con los opositores, después. El panorama no variará hasta el 2015, y tampoco aparecerá despejado en el futuro mediato. Un sector importante del radicalismo quiere hacer valer el poder territorial del partido a la hora de cada negociación puntal, dejando atrás a un grupo de correligionarios que son chicaneados como los "socialistas de boina blanca".

La dispersión del PJ. Sin embargo, ese difícil entramado que tiene que zurcir Bonfatti día día, hora a hora, se complementa con los flancos extremadamente débiles que le ofrece el justicialismo santafesino.

La dispersión del PJ en la Legislatura es la más pulimentada demostración de la severa crisis que lo atraviesa. Divididos hasta el paroxismo en nueve sub-bloques, los peronistas se parecen cada vez más al radicalismo que hace muchos años atrás privilegiaba las internas y las internitas por sobre una construcción global que lo convirtiese en alternativa de poder.

La ausencia de una estrategia común y coherente en ese vector de la oposición se dejó ver durante el peor momento de la gestión Bonfatti. En el punto más álgido del narcoescándalo, al presidente del PJ, José Luis Freyre, se le ocurrió opinar que no resultaría descabellado intervenir la provincia de Santa Fe. Esos dichos desafortunados se convirtieron en un bálsamo para el gobierno, que encontró la manera de actuar rápidamente y desarrollar la teoría de que la operación política iniciada en el diario oficialista Página/12 tenía como destino el desalojo de Bonfatti del poder. Lo propio había sucedido días antes con la decisión de Agustín Rossi de levantar a los peronistas de la reunión convocada por Bonfatti en la sede Rosario de la Gobernación. Fue muy difícil encontrar a más de dos referencias altas del PJ santafesino opinando de la misma manera sobre la cuestión.

Operaciones políticas al margen, la inseguridad en la provincia se ha transformado en el principal dolor de cabeza para el gobierno. El crecimiento en escala del narcotráfico se mixturó de manera explosiva durante buena parte del año con la sensación de zona liberada para el delito común en Rosario. Al mismo tiempo que crecían las derivaciones del narcoescándalo las autoridades provinciales prometieron y anunciaron una profunda reforma de las estructuras de seguridad. Se esperan noticias al respecto.

El 2013 será un período atravesado por el calendario electoral, y todo lo que se haga o diga tendrá ese tinte. Bonfatti tendrá que extremar vínculos con la Casa Rosada justo en el mismo momento en que Binner deberá ganar las elecciones diferenciándose del gobierno nacional. Durante buena parte del 2012 ambos mostraron ese juego indisimulado del bueno y el malo, hasta que la denuncia de "narcosocialismo" cayó como un rayo esfumando la estrategia.

En perspectiva, el 2012 no será un buen año para recordar desde la gestión.

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