Rosario, Lunes 18 Junio 2018
Lunes, 17 Diciembre 2012

Viva la tibieza

Escrito por 

¿Hay hoy chances de una tercera posición? ¿Se puede disentir sin encolumnarse en uno de los pretendidos dos únicos bandos? ¿Es eso ser tibios? ¿Está mal ser tibios?

Es cierto que el diccionario no ayuda. Ni frío ni caliente, flojo, sin entusiasmo. En algunos lugares de Centroamérica hasta se habla de débiles y enfermos. Eso es la calidad de tibio. Sin embargo, en los tiempos de maniqueísmos más dogmáticos que los soñados por el mismo autor del término, cuando ser “nac & pop” es causal de desprecio a todo lo de la “corpo”, quizá conviniese revisar el concepto de tibieza a la luz de alguna otra perspectiva.

El viejo general Perón supo imaginar la tercera posición rompiendo el esquema de hace 50 años cuando la Guerra Fría era algo serio. No este chispazo de batallas vernáculas caracterizadas por discursos ególatras que privilegian desprecios personales por el bienestar general. Porque en esto no aparecen demasiados resquicios para los términos medios. Ni el caso Marita Verón, ni la ley de Medios ni la pelea santafesina entre el PJ y los socialistas, por poner tres ejemplos de esta semana, son discutidos con el interés de evitar la trata de personas, la pluralidad de ideas publicadas o el mejoramiento de la vida de la provincia invencible. Con la sola excepción de la enorme Susana Trimarco, cada caso fue usado con interés de unos pocos que maquillan sus palabras para disimular la exclusiva apetencia personal.

Nadie pretende la tibieza como la flojera a la hora de tomar decisiones. Nadie quiere la imparcialidad porque no existe. No se postula el justo término medio aristotélico porque el filósofo griego lo pensaba para sus pares, condenando al resto a la esclavitud o a la condición de cosa.

La vindicación de la mal llamada tibieza es la opción de poder argumentar antes de vestir la camiseta por la pasión de los colores y nada más. Es abrir el margen al pensar antes que al despreciar. Pergeñar ideas es más gravoso que repetirlas poniendo el cuerpo para defenderlas aun sin que se entiendan. Eso es la tercera posición. Y si se llama tibieza, que sea con convicción.

La ley es la ley

Por estos tiempos no hay otra política de estado en la Nación que no sea la aplicación de la ley de medios audiovisuales. Seamos directos: nada importa desde el centro gubernamental que no sea la pelea con >Clarín<. ¿No es mucho? ¿No es demasiado pobre como horizonte de quien se autodefine como estadista? Es cierto que se trata de una ley que regula a los que marcan agenda (aunque no definan toda la opinión) en la vida de todos los días de los ciudadanos. Es también verdad que son demasiados tres años de espera para saber si una norma sancionada democráticamente por el Congreso es constitucional o no. Pero, a la vez, es imprescindible, si se quiere conservar la división de poderes y con ella la República, que se sepa: aun con la unanimidad de todos los senadores y diputados una ley no es tal si no se respetan las premisas básicas de la Constitución. Creer que las mayorías de un solo poder, cualquiera de los tres, alcanzan para respetar la democracia es promover el populismo autoritario. Y ahí la tibieza. Es necesario frenar la voracidad de los multimedios que han mostrado vocación de arrasar con todas las competencias. Los mismos que no hace tanto querían derrumbar a las televisoras locales con meras antenas repetidoras de sus canales porteños. No se pueden olvidar aquellos momentos cuando entonces quienes hoy claman libertad de expresión y ley sin cautelar formaban parte de los propiciadores del atropello al federalismo comunicacional. También es imprescindible detener el hambre desenfrenado de los inquilinos del poder de turno que han mostrado que a la hora de administrar los medios estatales sólo admiten la mirada propia. Sin espacio, ni en 6, 7 u 8 segundos diarios para la opinión discrepante.

Hay algo más que ser >Clarín< o el gobierno en estas lides. No parece haber margen para expresarlo.

No fue justicia

El fallo tucumano que absolvió a los 13 imputados por el secuestro y sometimiento de Marita Verón reavivó el sentido de la justicia argentina. Más allá de los golpes en el pecho con voz impostada, algunos que se hicieron ver ahora y a los que nunca se escuchó cuando miles de argentinos padecieron (y padecen) tanta espera y pidieron algo de justicia para sus reclamos (jubilados, trabajadores, etcétera, etcétera, etcétera), el fallo suena a la piel de un lego como repugnante.

¿Y si el debido proceso no daba otro margen? ¿Y si un proceso difícil, tortuoso, iniciado en Tucumán y consolidado en La Rioja, fue inconsistente a la hora de la condena? En ese caso, la sensación de impunidad no alcanza para mandar a la cárcel al sospechado de un delito. Jamás se atrevería este cronista a dudar de la heroica tarea de la madre de la joven desaparecida. Sí a cuestionar y a criticar a los jueces que, de haberse enfrentado a un proceso sin prueba suficiente o endeble, no fueron capaces de mirar a los ojos a Susana Trimarco y a todos los ciudadanos de buena leche de la Argentina para explicarles el incordio procesal que enfrentaban.

Si mal juzgaron merecen la pena de destitución y cárcel. Pero si hay chances de que el proceso, incluso para esos siniestros personajes que aparentan estar involucrados en el delito, no dejaba otro margen que el de la absolución debió ser explicado en lenguaje cercano a todos nosotros y no sólo reservado a la corporación judicial.

Del bombo o de la rosa

Si hoy se reclama por los cortes de luz es por incentivo peronista. Aunque en los más de 20 años del gobierno del PJ se haya peleado por recibir un servicio o conseguir una indemnización por su falta. Si hay relato de inseguridad es que se es funcional a las anteriores administraciones provinciales. Y así, en tantos otros temas.

No resulta tibio decir que Santa Fe no ha tenido gobernaciones que la honrasen como lo merecían. Separando las dos primeras gestiones desde la recuperación de la democracia que sólo pueden analizarse a la luz de la chapucería política, el resto carece de cosas parecidas y básicas: seguridad, salud, infraestructura y servicios esenciales tienen enormes deudas. Lo extraño es que los que estuvieron antes olviden sus contras y que los que entonces eran opositores no puedan concretar hoy, en hechos, la cantidad de palabras con las que se llenaban la boca a la hora de la crítica. En este último caso, con desprecio soberbio a la ley de gravedad que sigue vigente incluso en la saliva lanzada al cielo.

Tampoco se percibe margen para con tibieza o equidistancia señalar esta situación sin no ser tildado de proclive al “bando” arbitrariamente diseñado al efecto. Arbitrariedad que choca con la posibilidad de pensar, disentir, argumentar y, en todo caso, quedar en el río de la tibieza que corre entre las orillas dogmatizadas.

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

Noticias de Encuentro Argentino de Transporte Fluvial
  • La hidrovía, más allá del año 2021

    La hidrovía, más allá del año 2021 En tres años vence el contrato de concesión del dragado de la vía navegable. Empresas y funcionarios de la región evalúan cómo seguir. "El momento de la hidrovía" es el lema del XII Encuentro Argentino de Transporte Fluvial que se[…]

    Leer más...
Noticias de Infrapublica.com

Cotizaciones

Dolar ${dolar_c} / ${dolar_v}
Euro ${euro_c} / ${euro_v}
Real ${real_c} / ${real_v}