Rosario, Domingo 16 Diciembre 2018
Viernes, 14 Diciembre 2012

Cristina eterna, jueces breves. Democracia o demagogia

Escrito por 

La misma diputada que propone a “Cristina eterna” se escandaliza porque los jueces tienen inamovilidad en sus cargos. Un senador nacional sostiene que si el Congreso aprueba una ley, eso es la máxima expresión de la democracia popular y un magistrado no tiene derecho a dudar de su constitucionalidad. Por fin, la propia Presidente dice sin vueltas que los jueces, “si hay plata en el medio, no les importa nada”. Y todo, en el marco de “democratizar las instituciones” o darle mayor “calidad institucional” a nuestro país.

Ya hay bastante violencia en las calles como para no tratar de evitar que se naturalice en la palabra de los dirigentes inquilinos del poder. No alcanza un emocionalmente inaceptable y repugnante fallo en la causa Marita Verón (desde lo jurídico, este cronista no se atreve a pronunciarse porque no conoce el expediente) para que veinte vándalos destrocen todo lo que existe entre ellos y la vida y empañe una justísima manifestación callejera de repudio a la sentencia. Por si el fallo de tres jueces tucumanos no bastara, las declaraciones de la segunda en la línea de sucesión presidencial, invocando un innecesario y primitivo saber popular sobre la existencia de prostitución en el devenir humano, azuzaron el enojo. Sin embargo, no fue suficiente para entender que durante una hora (60 minutos completos, sin metáfora) un grupo de encapuchados tomase como propia la calle y arrasase con todo. ¿No habría que democratizar las decisiones del Poder Ejecutivo (cualquiera sea, de la Nación o de la Ciudad) para que ante un delito flagrante de unos pocos se envíe a hacerlo cesar con la fuerza del orden en beneficio de las mayorías? ¿O es que a alguien le sirve políticamente mostrar supuestas consecuencias populares ante los errores de los jueces? Ahí no hay democracia garantizadora de la protesta. Ahí hay demagogia o utilización perversa de un hecho repudiable.

La ley es la ley

No es cierto que una ley emanada de un Congreso que representa a los ciudadanos, ni siquiera aprobada por unanimidad, no pueda ser discutida institucionalmente. Al menos en la República. En los populismos autoritarios, es otra cosa. Si mañana se aprobara que resulte legal trabajar a partir de los 8 años, permítase la exageración narrativa, eso debería ser rechazado por los jueces por inconstitucional.

En los últimos días se ha lanzado una cruzada de confusión encabezada por el aliado oficialista Marcelo Fuentes que postula que las normas aprobadas por senadores y diputadas son cuasi divinas y, por ende, exentas del análisis de los jueces. Semejante afirmación es un disparate.

Desde el primer teórico francés que pensó la división de poderes como contrapeso para limitar el poder absoluto, los magistrados son la garantía última del control constitucional de las leyes. ¿Que es inadmisible que para eso se tarde 3 años como en la causa Clarín? Lo es. En este caso y en tantos otros cientos de miles que los ciudadanos de a pie que pisaron alguna vez un Tribunal conocen de memoria. Jubilados chicaneados por apelaciones interminables de Anses, trabajadores sometidos al eterno “córrase traslado” y que esperan su indemnización son también testigos de esto junto con una larga lista de etcéteras.

¿Que hay jueces que se sienten monarcas que no reconocen su obligación de dar cuentas de sus actos? Es verdad. Habrá que revisar quién los nombra o quién los protege cuando se proponen juicios de destitución. Aquí tampoco vale alegar la propia torpeza.

Lo bueno, si breve…

O el gobierno nacional sabía que el fallo en la causa Marita Verón iba a ser absolutorio o, sin datos concretos, le vino como anillo al dedo para seguir con su cruzada antijudicial en la estruendosa y casi única política de estado de los últimos meses que es conseguir, cueste lo que cueste, aplicar la ley de medios. Claro que la ley debe aplicarse. Pero no a los sopapos institucionales.

Ya se dijo que el fallo tucumano es repugnante desde el sentido común. Indignante desde el cristal de la hidalguía de Susana Trimarco. Dudoso, al menos, desde lo jurídico. Pero vale la pena resaltar que el mismo no tiene nada que ver con una inexistente campaña contra el gobierno que en algunas afiebradas fantasías se inició con ánimo destituyente. La Justicia es lenta y oscura desde hace rato. Incluso también cuando los sorteos de las causas de alto compromiso político caen siempre en los mismos jueces federales que se sienten bendecidos por el más allá a pesar de ser expulsados en el más acá de canchas de tenis por la desaprobación popular. O cuando esos mismos jueces archivan sumarios por notorios enriquecimientos ilícitos o tardan tanto para saber de quién es Ciccone Calcográfica. ¿Esa tardanza, preocupa? ¿Hay allí dinero para que no les importe nada?

Por eso, proponer que el Poder Judicial sea electivo y a plazo fijo es un rebusque de la politiquería actual tendiente a someter a los ánimos caldeados del momento lo que debe ser una institución regida por la calma templada del sereno proceso republicano. Los jueces son inamovibles mientras dure su buena conducta para garantizar que el gobernante que venga no nombre a su antojo a los magistrados que lo puedan juzgar. No son sometidos al voto popular porque ellos no deben proponer cambios de plataformas políticas sino aplicar e interpretar la ley a la luz de los Códigos que los preexisten y de la Constitución que nos regula a todos.

Jugar a la pretensión de ser mejores como país removiendo a cada rato a los jueces es arriesgar con la definición de un país poniéndola más cerca del autoritarismo que de la República.

http://opinion.infobae.com/luis-novaresio/2012/12/13/cristina-eterna-jueces-breves-democracia-o-demagogia/

Luis Novaresio

Periodista en C5N, Radio 10 y Radio Dos. Columnista del diario El Ciudadano de Rosario.

Noticias de Encuentro Argentino de Transporte Fluvial
Noticias de Infrapublica.com

Cotizaciones

Dolar ${dolar_c} / ${dolar_v}
Euro ${euro_c} / ${euro_v}
Real ${real_c} / ${real_v}