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Domingo, 15 Abril 2012

Pros y contras de ir por todo

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El gobierno nacional finalmente reaccionó en defensa de Amado Boudou fiel a su estilo: subiendo a todos al ring. Aquel hombre que en su monólogo —disfrazado con el rótulo de conferencia de prensa— lucía solo, fané y descangallado ahora participa de su batalla con el aval de la presidenta de la Nación.

En su embestida, el vicepresidente se cargó al más camporista de todos los que reivindican a Héctor J. Cámpora, tal el caso de Esteban Righi, el Bebe, quien fuera ministro del Interior durante el breve mandato del odontólogo de San Andrés de Giles en la Casa Rosada. La situación no podría ser más paradojal. Muchos kirchneristas tragan saliva, maldicen por lo bajo y se incomodan con Boudou, pero nadie se sale del libreto que ordena Cristina Fernández.

Boudou puso en escena con su monólogo en el Salón Arturo Illia del Senado de la Nación una madeja de intereses oscuros, lobbies y simpatías políticas cruzadas que hace advertir a los analistas neutrales que en esa línea de responsabilidades superiores no hay buenos. El vice denunció al estudio "García, Labat, Musso y Righi" —fundado por el ex procurador general, quien estuvo al frente del bufete hasta que asumió como jefe de los fiscales— y encadenó en la acusación a la esposa del ultramacrista ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro. La madeja de la historia, quiso decir Boudou, es mucho más profusa e imbricada que la vinculación suya con Alejandro Vandenbroele, Fabián Carosso Donatiello y apellidos por el estilo.

Chat caliente. En la redada, el marplatense puso sobre el escenario al juez Daniel Rafecas, magistrado que era bien visto por la progresía kirchnerista, que ha hecho de los juicios a los violadores de los derechos humanos causa y bandera. La situación del juez quedó cuanto menos limada al conocerse el intercambio de información y consejos que Rafecas hacía mediante el chat con uno de los defensores de Núñez Carmona. Una curiosa y sorprendente ráfaga que parece sacar de la cancha a otro de los buenos.

Al margen de los vaivenes judiciales, Cristina se abroqueló en la defensa de su vice, segura de que luego irían por ella. En su afán de "ir por todo", cueste lo que cueste y sea como fuere, la presidenta no está dispuesta en este tramo de su gobierno a entregar alfiles. Aunque Boudou haga ruido en los blindados pasillos de la Casa Rosada.

Aquellas tres palabras que la presidenta le gritó a la multitud reunida en el Monumento Nacional a la Bandera ("vamos por todo") mientras Mónica Fein recordaba las virtudes cívicas de Manuel Belgrano quedan corroboradas en la praxis. A veces, como cantaba Luis Alberto Spinetta, tan apurada está que atropella el viento en la partida: el frustrado intento de estatizar YPF puede dar cuenta de ello.

En el calendario de la presidenta, más temprano que tarde, empezará a reflejarse la cuenta regresiva. En el 2015 deberá transferir su mandato y no quiere abonar nuevos capítulos a la Teoría del Pato Rengo, acuñada y puesta siempre de moda en la ciencia política estadounidense. Según esa concepción, promediando un segundo mandato y sin re-reelección se desata una expectativa sucesoria que tiende a vaciar de poder al presidente, el rengo, quien será el último en la fila de los patos sanos y, por eso, la primera víctima del predador.

Scioli, el incombustible. En ese afán de no retroceder, de buscar fugas hacia adelante, el gobierno encolumna a sus convencidos —a los que no se les permite la duda pública— contra los enemigos de siempre, enquistados en lo que llaman "corporación mediática". En el medio no hay nada. El vacío opositor comienza a transformarse en un drama para la Argentina, y sigue dándole réditos al peronismo que, de persistir este estado de las cosas, buscará su propia sucesión. Y es allí donde cotizará Daniel Scioli. El gobernador bonaerense atraviesa el fuego con propiedades incombustibles pese a que las llamaradas a veces parezcan rodearlo.

La idea fuerza mediática de Scioli ("con fe, con esperanza, siempre para adelante") no se detiene ni ante el intento de hacerlo trastabillar que muestra su vicegobernador, Gabriel Mariotto, quien hasta recorre cárceles de la provincia con periodistas kirchneristas para demostrarles lo mal que se ocupa el mandatario de la seguridad en las cárceles. La estrategia de Scioli le ha permitido, hasta acá, ganar todos los partidos, desde Carlos Menem hasta Cristina Kirchner, pasando por todas las estaciones.

El escándalo Boudou tocó con fuerza la puerta de Scioli: dos hombres de estrecha relación con el gobernador fueron careados por Rafecas por la explotación del juego en la provincia de Buenos Aires pero la noticia pasó casi desapercibida, como sucede casi siempre que algo impacta cerca del ex motonauta. Si no prospera algún intento re-reeleccionista de la presidenta que pueda venir de la mano de una reforma constitucional (para lo cual será clave la parada electoral de 2013) las acciones del bonaerense cotizarán cada vez más alto.

El desafío será cada vez mayor para la oposición. Hermes Binner deberá constituirse en opción clara, ampliando las bases de sustentación del Frente Amplio Progresista (FAP) y clavándose como alternativa del peronismo. En las últimas horas volvieron los rumores sobre un clásico de la política argentina: la posibilidad de un acuerdo entre socialistas y radicales.

Al margen de Scioli y Binner emerge Mauricio Macri, quien también parece sufrir un leve desgaste en su gestión. Las derivaciones del caso Boudou y el intento cristinista de ir por YPF les bajaron las luces a un episodio que esmerila al macrismo: las consecuencias del dramático temporal que azotó a la ciudad de Buenos Aires encontró al jefe de Gobierno y a sus primeras líneas entre Punta del Este y Miami, disfrutando del largo fin de Semana Santa. Los difíciles meses que se recortan en el horizonte para quienes tienen la responsabilidad de gestionar ponen en duda la voluntad de Macri para convertir al PRO en algo más que un partido municipal.

Y es aquí donde surge, irrebatible, la foto de la coyuntura: el gobierno nacional se tropieza con piedras cada vez más grandes, pero la oposición parece seguir durmiendo un sueño eterno.

Mauricio Maronna

Jefe de la seccion Política del diario La Capital