Rosario, Sábado 18 Noviembre 2017
Martes, 14 Agosto 2012

El Copiloto

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Lo primero que se puede –y debe– decir de Paul Ryan es que hace un año atrás fue una de las caras más visibles de la más enconada batalla política que EEUU recuerde en más de 15 años. A mediados de 2011, Ryan, quien era –y es– el presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara Baja, junto a John Boehner y Harry Reid (presidente de la Cámara y jefe del bloque mayoritario, respectivamente) fueron quienes llevaron al país al borde de la cesación de pagos por primera vez en la historia. La batalla que estos tres hombres libraron con la Casa Blanca alrededor del límite a la capacidad de endeudamiento del gobierno les reportó notoriedad pública, pero llevaron a que la percepción que la opinión pública tiene sobre el Congreso fuese la más baja de la historia. Quizás ganasen la batalla económica, pero claramente perdieron la política.

Un año después, Ryan vuelve a ocupar los titulares de los medios más importantes. El motivo es que Mitt Romney, el candidato presidencial republicano, lo eligió para ser su candidato a vicepresidente de cara a las elecciones de noviembre. Se trata sin dudas de un movimiento sorpresivo tratándose de un personaje con mucha juventud (tiene apenas 42 años) y con relativamente poco recorrido en la política de alto nivel a pesar de sus 14 años como representante por el estado de Wisconsin. ¿Se trata de un movimiento mediático de Romney? No son pocos los que comparan esta decisión con la que tomó John McCain en el 2008 cuando eligió a la desconocida y ultra conservadora Sarah Palin como compañera de fórmula como guiño al electorado más duro, una decisión que, pasado el shock positivo inicial, terminó siendo más un problema que una solución.

No parece ser lo mismo con Ryan. A diferencia de Palin, el joven político republicano parece ser una de las promesas más interesantes para la derecha estadounidense. Ciertamente encarna muchos de sus valores: joven, emprendedor y exitoso, se hizo desde abajo a base de esfuerzo y empeño personal, defensor a ultranza de los postulados más caros de la agenda conservadora. Lector compulsivo desde joven, Ryan le relataba en una entrevista al New Yorker que "leía muchísimas cosas y hacía mucha introspección. Leía prácticamente todo lo que caía en mis manos". Más adelante comentaba que entre esas lecturas se incluía a Ayn Rand y que luego de leer "Atlas Shrugged" (La Rebelión de Atlas) "me dije, 'guau, tengo que meterme más en esto de la economía'. Lo que me gustaba de sus novelas era la denuncia devastadora a la fatal vanagloria del socialismo, al gobierno sobredimensionado".

Repasar el historial político de Ryan es sumergirse en lo profundo del pensamiento conservador estadounidense. Ryan realmente cree que se debe acabar con Medicare, tal como se lo conoce. La promesa esencial de Medicare, desde que fue implementado en 1965, es que cada ciudadano en la tercera edad tenga derecho a una serie de beneficios médicos que lo protejan de la ruina financiera. El gobierno les brinda estos beneficios por medio de programas de seguro, aunque los ancianos tienen el derecho de suscribir planes privados similares si lo desean. Pero la clave es esa garantía en los beneficios y es lo que Ryan plantea eliminar. En su lugar, plantea reemplazarlo con un voucher cuyo valor se irá actualizando en base a una fórmula que no logra mantenerse a la par con el actual volumen de gastos médicos.

Además, la propuesta de Ryan contempla el aumento de la edad mínima para poder acceder a Medicare de 65 a 67 años. Sin la ley de reforma de salud de Obama, la cual Ryan intenta derogar, la mayor parte de las personas con 65-66 años que no cuenten con un seguro médico provisto por un empleador, quedará sin ninguna clase de cobertura. Y esa no es una edad en la cual uno desee saltarse las consultas con el médico.

El efecto a largo plazo de su propuesta más reciente sobre Medicare no será tan severa como el de la original. Pero lo que significará una diferencia de magnitud, no lo será en su implicancia: los ancianos no tendrán la misma clase de protección de la que gozan actualmente, obligándolos a elegir entre la cobertura de salud y otras necesidades básicas, la misma situación que rutinariamente debían adoptar hasta los años sesenta cuando el desaliento que provocaba las privaciones que soportaban los ancianos fue el terreno desde el cual se pudo crear el programa Medicare.

Por otra parte, Ryan es partidario de la privatización de la seguridad social. En su momento, tanto él como otros líderes del partido pretendían que Bush llevase adelante esta medida, allá por el año 2005. De acuerdo a una propuesta inicial de Ryan, los trabajadores podrán invertir casi la mitad de su salario, el cual en su momento sirvió para crear el sistema de seguridad social, en cuentas de capitalización. Como estrategia para reducir la deuda pública no tiene sentido. Sólo toma dinero de un sector del presupuesto y lo destina al sector privado, con un costo de dos billones de dólares en gastos de transferencias. Pero como declaración de principios sobre cómo debe ser la relación entre los individuos y el gobierno, el plan de Ryan es muy claro.

La presentación de esta propuesta fue un punto de quiebre en la carrera de Ryan. Bush podría haber optado por una salida consensuada con los demócratas como lo hizo en la reforma inmigratoria. Pero durante la campaña del 2004, Ryan mantuvo la presión desde la derecha para forzar a la Casa Blanca a tomar una decisión sobre la propuesta. Dos semanas antes del inicio del segundo mandato de Bush, Ryan pronunció un discurso en el think tank libertario, Cato Institute, afirmando que la Seguridad Social había dejado de ser el tercer carril de la política norteamericana (en referencia al carril extra que proporciona energía a los trenes eléctricos).

Una gran parte de los editorialistas conservadores y muchos militantes lo alabaron. "Lo que Ryan ha propuesto es histórico" escribió Newt Gingrich (el ahora ex precandidato presidencial republicano). "Ha diseñado un plan que hace de la noción de ahorro personal para Seguridad Social no sólo algo políticamente viable sino, ciertamente, algo políticamente irresistible". El problema fue que el plan era tan radical que el mismo Bush lo rechazó y se inclinó por una alternativa mucho más moderada.

Y finalmente algunos comentarios respecto a la desigualdad en el ingreso. De acuerdo a lo que puede rescatarse por estos días habría que decir que Ryan defiende la mayor transferencia de riqueza desde los sectores más pobres y medios hacia los más ricos en la historia moderna del país. Según Robert Greenstein, presidente del Centro para las Prioridades Políticas y Presupuestarias, "el nuevo presupuesto de Ryan es algo impresionante". Recuérdese que como presidente de la Comisión de Presupuesto de la Cámara Baja Ryan tiene, entre otras facultades, la capacidad de proponer enmiendas y autorizar, aumentar o disminuir las partidas presupuestarias hacia las distintas áreas del gobierno federal.

"En esencia", afirma Greenstein, "este presupuesto es Robin Hood pero al revés. Y con esteroides. Casi con seguridad implicará la redistribución más regresiva del ingreso en la historia moderna del país y llevará a un incremento de la pobreza y la desigualdad. Probablemente el mayor en toda la historia del país."

El presupuesto presentado por Ryan impone recortes extraordinarios a programas del gobierno que actúan como salvavidas para los ciudadanos más pobres y vulnerables del país y, con el tiempo, conducirá a que decenas de millones de ciudadanos pierdan su cobertura de salud. También impone severos recortes en programas de gobierno que ponen en severo riesgo la marcha de varias de sus funciones clave. De hecho, un análisis realizado por la Oficina Presupuestaria del Congreso que el propio Ryan solicitó señala que, tras varias décadas, el proyecto de Ryan hundiría al gobierno federal de forma tan dramática que muchas de sus funciones –por fuera de la Seguridad Social, la cobertura de salud y la defensa– esencialmente desaparecerán.

Sin embargo, junto a estos extraordinarios recortes presupuestarios, con su desmantelamiento de sectores clave de esta red de contención, el nuevo presupuesto presenta sorprendentes y nuevos recortes impositivos para los estadounidenses más ricos. Estos recortes se posicionan por encima de los recortes promedio de más de 125.000 dólares al año que reciben aquellos que ganan más de un millón de dólares anuales.

Ryan es un ferviente defensor de todas estas posturas. Romney también lo es. ¿Será el futuro que los estadounidenses pretenden? En los próximos meses tendremos la respuesta. 

Escrito por FABIÁN VIDOLETTI Licenciado en Relaciones Internacionales. Analista Internacional de la Fundación para la Integración Federal

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