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Miércoles, 25 Abril 2012

El ascenso del "Señor Normal"

por Mariano Yakimavicius - Los resultados de la primera vuelta en las elecciones presidenciales francesas revelan que François Hollande se posicionó como favorito para el ballotage pautado para el 6 de mayo, que las posibilidades de Nicolas Sarkozy por retener la presidencia son escasas y que la ultraderecha creció notoriamente. 

La campaña electoral para definir mediante la segunda ronda electoral quién será el próximo presidente francés será indudablemente áspera, dados los estilos radicalmente opuestos de liderazgo que compiten y por los distintos modelos de país que encarnan.

Pese a haber remontado durante el último año su alicaída imagen, a Nicolas Sarkozy no le alcanzó para doblegar a su rival socialista, François Hollande. Tampoco pudo evitar la fuga de muchos de sus votos hacia la extrema derecha del Frente Nacional que ahora conduce Marine Le Pen, hija del fundador del partido, Jean-Marie Le Pen. Sarkozy ha pagado en las urnas por su su forma de hacer política, desacreditando, insultando, minimizando a sus adversarios. Ha pagado por sus políticas antisociales de ajuste ante la crisis económica y financiera que azota a Europa desde 2008. Ha pagado -en la misma medida en que todavía le da rédito- por su discurso xenófobo, policial y persecutorio para con los inmigrantes. Ha pagado por sus dudosas amistades con la élite acomodada francesa y por la permanente ostentación de la riqueza y el lujo en época de crisis. Ha pagado por las sospechas de los aportes realizados por el asesinado dictador libio Muamar el Gadafi a la campaña electoral que lo llevó a la presidencia en 2007. Ha pagado por todo eso con el segundo lugar en las urnas, 1,5 puntos porcentuales detrás de su principal competidor, obteniendo 4 puntos menos que en la elección presidencial de 2007 y con la curiosidad de haberse convertido en el primer presidente de la V República Francesa en salir segundo en una compulsa por la reelección. No obstante lo dicho, el actual presiente aún tiene posibilidades de conservar su puesto. Pero para que eso suceda, su rival, François Hollande, debería equivocarse demasiado.

Hollande es en sus pensamientos, en sus formas y hasta en su aspecto, la antítesis de Sarkozy. Es tranquilo, mesurado, disciplinado, paciente y ha demostrado ser así tanto en su vida política como personal. Fue él mismo quien se definió como un “señor normal”. Es quizás su actitud pacífica, sin exabruptos, con un discurso centrado en lo social, lo que atrajo a muchos franceses a votarlo. Pese a no ser carismático y habiendo tenido que soportar los desprecios de varios líderes conservadores europeos que se negaron a recibirlo en su condición de candidato presidencial -la canciller alemana Angela Merkel entre ellos- Hollande se las ingenió para superar la crisis abierta en el partido que preside, cuando se conoció el escándalo de abuso sexual de quien iba a ser el candidato natural del socialismo, Dominique Strauss-Kahn. Sin perder nunca la calma, venció a sus rivales internos y se consagró candidato presidencial de un partido unido. Desde el lunes 20 de abril y tras obtener el 28,63 por ciento de los sufragios, se convirtió también en el favorito para ganar en el ballotage del 6 de mayo.

Hay que destacar la extraordinaria elección que hizo la ultraderechista Marine Le Pen quién, superando todas las perfomances de su padre, obtuvo con el 17,9 por ciento de los votos, el mejor resultado del Frente Nacional en su historia. Le Pen es los hechos una política antisistema y, sobre la base de un discurso que exalta los miedos de los franceses, apunta a una refundación de una Francia conservadora, represiva, antieurpeísta y xenófoba. Este crecimiento de la ultraderecha, que supo imponer temas en la agenda política y disputarle numerosos votos al actual presidente, es preocupante.

Sarkozy intentará por todos los medios aglutinar esos votos ultraconservadores en torno a su persona, pero debe señalarse que no hay aquí una ecuación cerrada. Es decir, no todos los votantes de Le Pen votarán a Sarkozy en la segunda vuelta. Porque un elevado número de seguidores del Frente Nacional (entre el 30 y el 40 por ciento), son verdaderamente antisistema, es decir, están en contra de los valores republicanos y democráticos que subyacen en el espíritu dela V República Francesa, y preferirían cortarse una mano antes de votar a un candidato como Sarkozy quien, a sus ojos, aparece como un moderado. Además, Marine Le Pen tiene una estrategia desarrollada para el futuro cercano. En junio se celebrarán las elecciones legislativas. Calcula que si Sarkozy pierde el ballotage, los votantes de derecha que lo seguían, huérfanos de liderazgo, irían a refugiarse en su movimiento. De esa manera, podría convertirse en la líder de una oposición de derecha radical frente a un presidente políticamente correcto como Hollande, al que apuntaría a desgastar durante los años venideros.

Pero lo que está en juego ahora es la presidencia y, la realidad indica que François Hollande aventaja al actual presidente. Pero los socialistas, tal como le sucedió a François Mitterrand en 1981, no se bastan a sí mismos para ganar. Necesitan bastante más que el apoyo sin condiciones del Frente de Izquierda que le dio a Jean-Luc Mélenchon poco más del 11 por ciento de los sufragios. Deberán seducir también a los votantes centristas que optaron en la primera ronda por  François Bayrou -que obtuvo poco menos del 10 por ciento- y, por qué no, a los más moderados de los seguidores del Frente Nacional.

Los datos de la elección presidencial muestran una Francia dividida por el hartazgo que produce Sarkozy y la manera en que ha llevado la presidencia dela República, con reformas antipopulares plagadas de recortes presupuestarios. Una geografía partida en un Este conservador y un Oeste de izquierda, división que ha visto también a las grandes ciudades votar mayoritariamente por François Hollande, incluido el hecho de que por primera vez en la historia dela V República un socialista ganó en París en una primera vuelta presidencial. Mientras tanto, los sectores rurales se inclinaron preferentemente por Le Pen, al igual que la mayoría de los obreros. Desde un punto de vista social, la división también puede advertirse: a Sarkozy lo siguieron los mayores de 65 años, las clases acomodadas y el voto femenino, aunque con un margen menor del que hubiera deseado frente a Hollande (31 a 28 por ciento respectivamente). En cambio los jóvenes menores de 35 años se han inclinado mayoritariamente por Hollande.

Los sondeos de opinión arrojan desde hace tiempo resultados alentadores para Hollande, situándolo con alrededor de 55 puntos porcentuales de la intención de voto con vistas al ballotage y asignándole a Sarkozy alredeor del 45 por ciento. Pero la historia deberán escribirla definitivamente los franceses el domingo 6 de mayo.

El mundo en general y Europa en particular estarán a la expectativa de lo que sucederá en un país tan significativo como Francia. Para observar si sucumbirá ante el fantasma del miedo a la crisis, el miedo al inmigrante, el miedo a la diferencia o si se dará la esperanza de buscar soluciones alternativas, con liderazgos alternativos. El 6 de mayo se sabrá si Francia se encerrará sobre sí misma y sobre sus temores eligiendo a un líder hiperactivo, verborrágico y personalista, o si se animará a volver a ser un país más amigable, libre y tranquilo, eligiendo a un “señor normal” para que conduzca su destino.

www.aldeanoglobal.blogspot.com

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