Martes 07 de Septiembre de 2010 . 02 : 32 PM
Opinión
 
07-02-2010
Gobernar con luces apagadas
“Es un proceso de negociación, no de imposición, nosotros tenemos una buena relación con el gobierno y por eso vamos a dialogar antes, (…) no tenemos nada en contra de la gestión, pero si expectativas. Si no prospera lo que esperamos saldremos a la calle como lo hicimos con otros gobiernos, no hay que olvidar que le hicimos un paro de 29 días a (Carlos) Reutemann, único en la historia del gremialismo”.

Con estas palabras, el secretario adjunto de UPCN, Jorge Molina, estrechó a un camino de cornisa el que transitarán desde el miércoles las paritarias con empleados públicos y docentes convocadas por el gobierno. Al recordar Molina que le pararon a Reutemann ningunea a Binner. Si le hicieron paro a aquél cómo no le van a hacer a éste… Su jefe, Alberto Maguid, en histórica coincidencia con la secretaria general de Amsafe, Sonia Alesso, había mostrado el abismo: “Es el 20 por ciento de aumento o es la calle”.

Jorge Hoffman, de ATE, y Pedro Bayúgar, del Sadop, coincidieron en el diagnóstico. El 20 por ciento quedó así convertido en el piso de la negociación frente al 0,1 por ciento ofrecido por el dudoso humor (mejor no pensar que obedeció a una de sus sutilezas) del ministro de Economía, Angel Sciara.

Cuando a un gobierno se le animan todos, todo el tiempo y/o a la vez, está en graves problemas. El gobierno de Hermes Binner lo está. El autismo de la Casa Gris es el síntoma más evidente de que la administración socialista debe recuperar con urgencia la iniciativa. De lo contrario no podrá restituir una instancia de autoridad y, menos, de solidez.

Para el oficialismo es una suerte que la oposición siga siendo una comparsa mal entrazada que oscila entre el mamarracho y el oportunismo de corto vuelo, más de lo que necesita. (Con la salvedad de alguna de sus voces, claro) De lo contrario, cabe preguntarse cual sería hoy la realidad de la gestión del Frente Progresista Cívico y Social si los peronistas y compañía en la Legislatura le hubieran asestado otro sopapo como el que les nockeó la reforma tributaria y demostró que en el ministerio de Economía (ni en ningún otro rincón del gobierno) existía plan B.

Desde entonces los mudos funcionarios de Binner se convirtieron, además, en invisibles. En algunos casos, ello es lo más saludable que le puede acontecer al gobernador aunque le provoque cargar con todo el peso de la defensa pública de su administración. Algo tan incomprensible como riesgoso. Binner buscará convencer a los empleados públicos y maestros que le paga el 20 por ciento de aumento que piden si aceptan que les prorratee el pago en los primeros seis meses. No se habla aún de cuantas cuotas eso será la segunda parte de la discusión.

En esa exposición constante, Binner se mostró esta semana extendiendo la mano ante la presidente de la Nación por fondos para otorgar el aumento que piden los docentes para no dictar un paro en lugar de clases e ir a las aulas y no a las calles.

Es verdad que el gobierno nacional debería asegurar que las clases se inicien normalmente en todo el país. Ello sería ni más ni menos que cumplir con el mandato constitucional. La plausible asignación universal otorgada por el gobierno central para que cada niño de este país no sea abandonado a la indigencia y barbarie no surtirá efecto alguno si logrando que los padres (aunque más no sea para poder cobrar el subsidio) envíen a sus hijos a las escuelas se encuentran con que no hay clases en ellas.
Sin importar de que costado, los Kirchner llegaron al gobierno bajo el mismo peronismo que ofició de paraguas a Carlos Menem y nada han dicho de la decisión del riojano de desentender al Estado nacional de la Educación de sus ciudadanos, arrojando la responsabilidad a los gobiernos provinciales sin agregarles un centavo más de coparticipación para ello. En rigor, una mayor preocupación por pagar a los acreedores externos que por la evolución de la enseñanza escolar ha caracterizado por igual a los neoliberales menemistas y a los progresistas kirchneristas.

También esta semana que pasó, Elisa Carrió usó de puchinball a Binner, acusándolo de respaldar la creación del Fondo del Bicentenario de Cristina. Carrió sabe que el santafesino no tiene opción, recortado de efectivo como está, y que al señalarlo lo evidencia como un mandatario doblegado por el rigor de los Kirchner. Lo que no es hoy una buena carta de presentación para ninguna aspiración.

El ministro del Interior, Florencio Randazzo, confesando que la Casa Rosada efectivamente está negociando con los gobernadores para que éstos apoyen el Fondo en cuestión, hizo el resto del trabajo.

Expuesto, el gobernador se lamentó con tristeza. “No tenemos dinero para pagar un 20 por ciento de aumento. A principios de 2009 se acordó un 15,5 por ciento de aumento pensando que íbamos a tener una inflación de un 12%, que finalmente fue del 14 por ciento según el Ipec”. Se quejó de que “en un provincia tan rica como Santa Fe se necesite un 70 por ciento de coparticipación federal. Dependemos muchísimo de lo que pasa a nivel nacional. Después nos piden el voto” para el Fondo del Bicentenario.

Ahora bien, si Binner no tiene opción porque no tiene otra salida, ¿es ilógico que busque obtener el mayor rédito de esa relación por la que paga hoy un costo político que mañana podría diluirse? El diputado Raúl Lamberto ha dicho que no hay apuro para que la Legislatura se enfrasque en la discusión de los vetos del Ejecutivo al presupuesto.
Es probable que una negociación con el gobierno nacional, de existir tal como ha sostenido el ministro del Interior, permita a la Casa Gris conseguir que, como en otras épocas, los diputados kirchneristas en la provincia sean más considerados.

No sería poca cosa, aunque no resulte claro qué sería.

El intendente de Santa Fe, Mario Barletta, convertido desde las últimas elecciones en la figura estelar del radicalismo santafesino disimula cada vez menos sus críticas al gobierno socialista. Barletta no sólo exige nuevas reglas internas para la coalición sino que reclama eficacia de gestión. La capital provincial no sólo está jaqueada por la creciente de los ríos y las lluvias sino por cortes de calles, múltiples y simultáneos, motivados en distintos reclamos y una sucesión sin solución de continuidad de crímenes y delitos. “Nosotros radicamos las denuncias que corresponden y le reclamamos al Ministerio de Seguridad de la provincia que actué como tiene que actuar”, vociferó esta semana Barletta en los medios de comunicación. El intendente capitalino se refirió principalmente a los cortes de calles protagonizados por autoevacuados por la creciente de los ríos pero lo que hace presumir que sus dicho podrían no sólo ceñirse a ellos es que el reproche al Ministerio de Seguridad lo hizo a pocos días de haberse reunido con el ministro Alvaro Gaviola quien al salir de ese encuentro reconociera que la inseguridad “existe” (¡¿?!).

Los cortes en Rosario de quienes no tienen viviendas que, por ejemplo, crean caos en el tránsito por la Circunvalación, ¿también estarían instigados por “oportunistas” como los que denunció Barletta en su ciudad? Confiemos en que la respuesta sea negativa porque un libre accionar de supuestos activistas con tanta impunidad y eficacia para alterar el orden exaltando a las víctimas sociales, resultaría un dato inquietante.

¿Y los cortes de luz? Aunque mejor tarde que nunca, que el ministro, Antonio Ciancio, haya asumido la responsabilidad y pedido disculpas. Es un mínimo, muy mínimo y por tanto inocuo, gesto reactivo. Si la EPE dice estar controlando la situación los cortes no pudieron haber aumentado en lugar de disminuir. Si la culpa fueron las ramas altas de los árboles que cortaban cables en días de viento en las localidades costeras de la capital provincial, una vez que se empezaron a podar éstas debería haberse restablecido el servicio.

En Rosario, no se cortó el agua. Es verdad. Pero desde 1989 no quedaba tanta gente a oscuras tanto tiempo. El defensor del Pueblo llevó una propuesta para tratar de mitigar el mal humor social y al otro día no pudo atender en sus oficinas frente a la plaza Pringles porque no tuvo luz.

O hay una mano negra que tiene a maltraer a los responsables del gobierno y éstos no se dan cuenta o hay… muchas luces apagadas.
 
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